16 abr. 2016

Claves esenciales del jardín italiano (del Renacimiento).

La Villa Lante diseñada por Vignola en Bagnaia, es una de las cumbres del jardín renacentista italiano.
A lo largo del siglo XV (el Quattrocento italiano) se iría consolidando, en diversas ciudades italianas, un nuevo sistema de pensamiento que cambió la manera de entender el mundo. Se dejaba atrás el periodo medieval (que era rechazado) y se aspiró a un “renacimiento” desde la antigüedad clásica. La filosofía que animó esa transformación fue el Humanismo, que situó al hombre en el centro del universo.
El paisaje no quedo al margen de esta revolución cultural y el jardín se convirtió en uno de los espacios protagonistas, llegando a crearse un nuevo modelo. El jardín del Renacimiento italiano sería un reflejo de esa filosofía humanista. Estaba pensado para el hombre (como un lugar para pasear, conversar, meditar y alimentar el intelecto) y se concebía como una parte de la arquitectura, dotándolo de un carácter racional.
El siglo XVI (el Cinquecento) fue el gran siglo del estilo del jardín renacentista italiano, que inició el denominado Periodo Clásico de la jardinería, que se completaría con el jardín formalista francés y el jardín paisajista inglés.


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Hacia una nueva relación entre el ser humano y la naturaleza.
El renacimiento cultural que fue consolidándose a lo largo del siglo XV en diversas ciudades italianas, alumbraría una nueva forma de entender el mundo para las sociedades occidentales. Esa “resurrección” pretendía ser regenerativa, olvidando el pasado reciente (la Edad Media, que era rechazada como un periodo oscuro y negativo), para reconducir la evolución a partir de una base calificada de positiva (la Antigüedad clásica). El Renacimiento sería el umbral de la modernidad.
La irrupción de las ideas renacentistas se produjo de forma gradual, a través de la interacción de muchas y complejas corrientes. Por eso, el Renacimiento es un periodo lleno de matices que impiden determinar con nitidez el momento de ruptura con la época medieval. No obstante, surgió en una zona geográfica muy determinada: entre la Italia septentrional (de Génova a Venecia) y la central (Roma) pasando por la región toscana (Florencia). En las ciudades mencionadas fue brotando esa nueva concepción del mundo que modificaría radicalmente el pensamiento, el arte o la ciencia. La península italiana reunía las condiciones para ello. Contaba con una vida urbana pujante en sus ciudades-estado, que se encontraban menos condicionadas por el absolutismo de los reyes o de la Iglesia que otras urbes europeas. Además, estaban constituidas por sociedades más igualitarias que en otras zonas del continente, cuestión que permitió progresos sociales inauditos y favoreció el desarrolló una “clase” intelectual impensable desde la óptica medieval. Fueron estos “pensadores” los que impulsaron la reconsideración del papel del hombre en el mundo y buscarían nuevas guías (mirando a su pasado glorioso, a una Roma y una Grecia idealizadas) en un deseado retorno a la pureza de los orígenes. La filosofía que animó esa transformación fue el Humanismo, que situó al hombre en el centro del universo (antropocentrismo), desplazando a dios de ese lugar (teocentrismo).
El arranque renacentista se apoyó en los esfuerzos de diversos autores anteriores, entre los que destacarían Petrarca (1304-1374) que fomentó la vuelta a los clásicos (clasicismo) o Bocaccio (1313-1375) quien defendería el retorno a la naturaleza (naturalismo). El paisaje no quedó al margen de esta revolución cultural. Clasicismo y Naturalismo confluirían en el mundo de la jardinería, creando una nueva relación entre el ser humano y la naturaleza que fructificó en la reconfiguración radical del jardín. El jardín se convirtió en uno de los espacios protagonistas de la nueva filosofía humanista. Aunque las bases estilísticas de partida se apoyaron en la jardinería romana e islámica (y también, a pesar de todo, en la medieval), el carácter de los nuevos jardines fue muy innovador. La pérdida de su carácter sagrado o la consideración como obra de arte destinada al hombre abría una senda inédita.
Los jardines de la Villa d’Este, diseñados por Pirro Ligorio son una de las expresiones más espectaculares del jardín italiano.

Criterios esenciales de diseño del Jardín Renacentista italiano.
Los jardines irían perdiendo su anterior condición sagrada para situarse al servicio del hombre, concretándose en espacios para pasear, conversar, meditar y alimentar el intelecto. Con ello, se asistió a la progresiva emancipación de los esquemas medievales, manifestada también en la evolución desde el utilitarismo propio de la Edad Media hacia planteamientos de carácter esteticista.
Las villas suburbanas, construidas en el entorno de las grandes ciudades por la aristocracia y las clases acomodadas, gozaron de gran éxito y supusieron un gran impulso para la implantación del nuevo estilo de paisaje. Se entendía que los jardines de esas villas dignificaban a su propietario y, por eso, estos promovieron esplendorosas realizaciones que formaban parte del proyecto integral de sus villas. El jardín era una proyección exterior de los interiores arquitectónicos. Su diseño buscó en la geometría, la proporción, la simetría y otros recursos compositivos (como la perspectiva), el camino para el nuevo orden racional (y, por lo tanto, antinatural). La búsqueda del rigor y perfección en el conjunto o la necesaria implicación entre la casa y el jardín llevó a que fueran los arquitectos quienes asumieran el diseño de jardines como competencia exclusiva, evitando las arbitrariedades del dueño o la falta de criterio de los jardineros. Así, los jardines se concibieron como una parte de la arquitectura dando, además, comienzo a los “jardines de autor”.
Los emplazamientos escogidos para esas villas y sus jardines eran habitualmente laderas de colinas que permitían la consecución de vistas lejanas y favorecían espectaculares juegos compositivos. Si lo exigía la pendiente, se planteaban aterrazamientos con muros de contención para las diferentes plataformas (que buscaban una cierta integración con el entorno) y se conectaban mediante paseos, posibilitando así los recorridos para la meditación y la contemplación.
Villa Médici en Fiesole, en las proximidades de Florencia, es una de las primeras manifestaciones del estilo renacentista de paisaje. Su situación en la ladera planteó diferentes terrazas para los jardines.
Los jardines se estructuraban en diferentes recintos que ofrecían una gran diversidad espacial (pudiendo encontrar desde superficies abiertas organizadas por parterres, hasta laberintos vegetales o, incluso, recónditos “giardinos segretos” que ejercían de sanctasanctórum para el recogimiento de sus propietarios). No obstante, su composición era unitaria y se sometía a las trazas arquitectónicas generales, que también se imponían a todos los elementos, incluidos los vegetales. Aunque dentro de esta rigidez general era habitual buscar contrastes entre zonas abiertas (con parterres bajos) y zonas cerradas (boscosas), entre naturaleza sometida (por la composición y la poda escultórica -topiaria-) y la naturaleza libre (aparentemente), o entre lugares de expresión objetiva (por la geometría o las proporciones) y lugares llenos de subjetividad (como las grutas). Aunque la misión principal de los jardines renacentistas era facilitar el paseo, la conversación o la meditación, también fueron escenarios para fiestas (muchas de ellas de disfraces) y representación de comedias, por lo que igualmente dispusieron de espacios que propiciaban ese tipo de reuniones.
Geometría subyacente de la Villa Médici en Fiesole.
La estructura general del jardín se ordenaba por medio de ejes que apuntaban perspectivas y que, muchas veces, quedaban configurados por parterres delimitados por setos recortados o por elementos puntuales que remarcaban la composición. 
Detalle de los jardines aterrazados de la Villa Médici en Fiesole.
Las plantas seleccionadas eran principalmente perennes y se redefinían en muchos casos a través de la topiaria. Entre las especies preferidas se encontraban el boj o los cipreses, que aparecían como “esculturas verdes”. El mundo vegetal se acompañaba con otros muchos elementos como la piedra (presente en revestimientos de los grandes muros, en escalinatas, balaustradas, grandes mesas, etc.) o el agua (que nunca aparecía de forma natural sino reconvertida en estanques laminados, fuentes, etc.). Igualmente se distribuían por todo el jardín piezas artísticas que proporcionaban un contenido erudito y simbólico (esculturas, grandes jarrones o vasijas, etc.) así como elementos arquitectónicos, que iban desde pequeñas edificaciones hasta pérgolas o cenadores e incluso lugares tan sorprendentes como las grutas.

Esquema temporal del periodo de apogeo del modelo de jardín renacentista italiano. El naranja intenso refleja el momento de mayor esplendor.
La evolución del Jardín Italiano.
Durante el siglo XV (el Quattrocento italiano), los jardines asistirían a la progresiva emancipación de los esquemas medievales, comenzando a aparecer en los tratados sobre arquitectura como un espacio principal. Por ejemplo, Leon Battista Alberti (1404-1472), en su De re aedificatoria (1452, publicado en 1485) trató acerca de su localización y sugirió criterios compositivos. Esta inclusión situaría definitivamente al jardín dentro del ámbito de la arquitectura. También Francesco de Giorgio Martini (1439-1502) en su Trattato di architettura civile e militare (1482) propuso consejos generales sobre la realización de jardines, llegando, en la Hypnerotomachia Poliphili (1499) de Francesco Colonna (1433-1527), a describirse el “jardín ideal”. Partiendo de las consideraciones teóricas, el Quattrocento iría fijando las reglas estilísticas que definirían el modelo con algunas realizaciones clave como:
Italia       Villa Medici. Fiesole (Florencia)            
                (Michelozzo, 1451-1457)
Italia       Villa Medici. Poggio a Caiano (Florencia)           
                (Giuliano da Sangallo, 1480-1485)
Uno de los 17 lunetos que pinto Giusto Utens para los Médici en Artimino, reflejando sus diferentes villas. En la imagen la villa de Poggio a Caiano, diseñada por Giuliano da Sangallo en 1480.
No obstante, el periodo de apogeo del paisajismo renacentista llegaría en el siglo XVI (el Cinquecento italiano), cuyas características generales han sido reseñadas anteriormente. Las geniales aportaciones de diferentes artistas se vieron representadas en el que, quizá, fuera el más grande creador de jardines de la época: Giacomo da Vignola (1507-1573). Algunos de los ejemplos destacados pueden ser los siguientes:
Italia       Villa Giulia. Roma                                    
                (Vignola y Ammannati, 1550-…)
Italia       Jardines Farnesio, en el Palatino. Roma
                (Vignola)
Italia       Villa Madama. Roma
Italia       Villa Medici Castello. Castello (Florencia-Toscana)
                (Niccolo Tribolo, 1538-…)
Italia       Villa Lante. Bagnaia. (Viterbo-Lazio)
                (Vignola y Ghinucci, 1568-…)
Italia       Jardines Farnesio. Caprarola (Viterbo-Lazio)
                (Vignola, 1559-...)
Italia       Villa d´ Este. Tívoli (Roma-Lazio)          
                (Pirro Ligorio, 1559-…)
Italia       Villa de Pratolino (actual Parco Demidoff). Vaglia-Pratolino (Florencia-Toscana) (Buontalenti, 1568-1581)
Italia       Bosco Sacro de la Villa Orsini. Bomarzo (Viterbo-Lazio)
                (Pirro Ligorio, mediados s.XVI)
Italia       Jardín Botánico de Padua (Giardino dei Semplici). Padova (Veneto)
                (1545-…)
Los jardines de la Villa d’Este, diseñados por Pirro Ligorio son una de las expresiones más espectaculares del jardín italiano.
Jardines de la Villa d’Este, en Tivoli.
Jardines de la Villa d’Este, en Tivoli.
El siglo XVII mantendría los procedimientos fijados en la centuria anterior, pero dotaría a los jardines de mayores efectos pintorescos y escenográficos. Pero, con el avance de los años, se asistiría a la decadencia del jardín italiano. La muerte de Vignola, en 1573, había supuesto la pérdida de la fuerza creadora que había protagonizado las realizaciones más importantes del modelo. Además, el propio cansancio producido por la repetición de fórmulas fue empujando a los artistas a buscar nuevos rumbos. Complementariamente, otras naciones vecinas (particularmente Francia), que comenzaron un periodo de esplendor, produjeron (y exportaron) nuevas modas, que acabarían por arrinconar a las italianas. A pesar de todo, fueron muchos los jardines que siguieron el canon durante esos cien años, con algunas muestras de elevada calidad.
Italia       Villa Borghese (Villa Pinciana) Roma 
                (Giovanni Vasanzio, 1605-1619)
Italia       Villa Doria-Pamphili, Roma                   
                (Alessandro Algardi, 1644-…)
Italia       Villa Ludovisi, Roma                                 
                (Domenico Zamperi, 1621-1623)
Italia       Villa Sacchetti, Roma                              
                (Pietro da Cortona, 1625-…)
Italia       Villa Aldobrandini, Frascati, (Roma-Lazio)
                (Della Porta, Maderno y Fontana, 1602-…)
Italia       Villa Ludovisi (Villa Torlonia), Frascati, (Roma-Lazio)
                (autor desconocido, 1621-1623)
Italia       Ampliación del jardín de Bóboli, (Florencia) 
                (Giulio y Alfonso Parigi, 1621-1623)
Italia       Villa Gamberaia, Settignano (Florencia)            
                (autor desconocido, 1610-1624)
Italia       Villa Garzoni, Collodi (Toscana)
                (autor desconocido, 1652-…)
Italia       Isola Bella, Lago Mayor                          
                (Castelli y Fontana, 1622-1671)

Jardines de la Villa Gamberaia, muestra del siglo XVII, en Settignano, junto a Florencia. 

Jardines de Isola Bella en el Lago Mayor en el norte de Italia.
Los tres modelos del Jardín Clásico.
Con el Jardín Italiano del Renacimiento se inició el denominado Periodo Clásico de la jardinería, que alumbraría tres modelos con una clara impronta europea (arrancando en Italia para continuar en Francia -jardín formalista francés-, durante el siglo XVII, y llegando finalmente a Inglaterra -jardín paisajista inglés-, a lo largo del siglo XVIII). Son tres estilos muy diferentes, aunque comparten la filosofía de base que llevó a transformar el carácter del espacio de sagrado a profano o la elevación del jardín a la categoría de arte.
Esquema temporal y geográfico de los tres modelos de la jardinería clásica.
Las ideas del jardín italiano tendrían una influencia trascendental en el segundo de los paradigmas, el Jardín Francés, ya que este surge como una revisión del modelo italiano adaptado a la especificidad del paisaje galo. No obstante, adquiriría una personalidad propia, expresada en grandes conjuntos formales que pretendían subordinar la naturaleza a la razón humana, apoyándose en grandes perspectivas, geometrías espectaculares, o elaboradas topiarias.
La tercera referencia será el Jardín Paisajista inglés, nacido como reacción al formalismo francés y que también pretendía alejarse de la densidad culturalista y simbólica de los jardines italianos. La jardinería inglesa reivindicaría el valor del paisaje por sí mismo, caracterizado por la libertad dispositiva de la naturaleza (aunque era más aparente que real), así como por la primacía de las percepciones humanas individuales.

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