7 jun. 2014

Claves esenciales del jardín paisajista inglés.

Stourhead Gardens. Mere, Wiltshire (Inglaterra)
Toda Inglaterra es un gran paisaje. Las suaves ondulaciones de su relieve, cubiertas de césped y complementadas con un exuberante arbolado, han acompañado a sus habitantes desde siempre, generando una larga tradición de amor hacia la jardinería y la horticultura.
En ese ambiente propicio, nacieron, a mediados del siglo XVIII, las ideas que modificarían radicalmente la relación entre el ser humano y la naturaleza. Surgirá entonces una nueva sensibilidad hacia el paisaje, en la que el individuo y el entorno se relacionarán de una manera mucho más libre. El jardín inglés supuso una propuesta alternativa e innovadora para la creación de paisajes, que se alejaba de las imposiciones geométricas que procedían, sobre todo, del jardín clásico francés, y de la densidad culturalista y simbólica de los jardines italianos. La jardinería inglesa reivindicará el valor del paisaje por sí mismo, caracterizado por la libertad dispositiva de la naturaleza (aunque era más aparente que real) y por la primacía de las percepciones humanas individuales.
Desde las islas, convertidas entonces en primera potencia mundial, se exportó esa original  concepción al resto del mundo, convirtiendo al jardín paisajista inglés en la nueva referencia para la composición de paisajes.

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La gestación del modelo de Jardín Inglés, nuevas ideas en el lugar adecuado.
Las islas británicas, e Inglaterra en particular, fueron el lugar adecuado para que las nuevas ideas sobre la creación de paisajes germinaran, dada la tradicional pasión de sus habitantes por la jardinería y la horticultura.
No obstante, también hay algo de reivindicación de su independencia y de su personalidad propia frente a las imposiciones procedentes del continente, particularmente francesas. Más aún cuando, durante el siglo XVIII, se produjo el declinar de la hegemonía política francesa y el paulatino ascenso hacia el liderazgo internacional de los británicos.
Pero, además de los cambios políticos, la idiosincrasia inglesa se manifestó en otras muchas cuestiones. Por ejemplo, en la filosofía, cuando el racionalismo cartesiano, que había fundado la filosofía moderna, vio nacer un contrapunto en el empirismo inglés. Esta corriente, animada por pensadores como David Hume, defendía la experiencia individual como punto de partida del conocimiento humano. Esta nueva concepción del mundo, en la que el individuo emergía sobre las consideraciones colectivas, se fue consolidando durante la Ilustración y tendría importantes repercusiones en el diseño del espacio. El espacio clásico, con su característica comprensión unitaria, fue decayendo en favor de una percepción más compleja, en la que las sensaciones personales, la emotividad íntima, o el subjetivismo individual se convertían en códigos de interpretación.
Esquema temporal del periodo de apogeo del modelo de jardín paisajista inglés. El naranja intenso refleja el momento de mayor esplendor.
El tiempo y el espacio sufrirían una metamorfosis a partir de su individualización. El espacio se presentaba como una sucesión fragmentada de puntos de vista, vinculados a la experiencia individual, olvidando los escenarios inmutables y el punto de vista único de la gran perspectiva impuesta por los franceses. A su vez, el tiempo se vio también se vio afectado por una nueva visión. Cada persona percibe el discurrir temporal de una forma subjetiva y por eso los recorridos espaciales se presentaban cambiantes y variados, buscando la capacidad de ofrecer sensaciones diversas para cada persona.
La Ilustración fue un periodo que aspiraba a la liberación del oscurantismo y de la degradación de tiempos pasados. Se buscaban nuevos referentes para refundar al ser humano y el pensamiento se volvió hacia la naturaleza como ideal de pureza. Los jardines y los paisajes debían mostrar ese estado “virginal”, debían evolucionar en un “retorno” a las esencias, despojándose de la aparatosidad y rigideces anteriores, que se tachaban de formas “corruptas”, frente a la bondad de la nueva época.
La superación de las formas clásicas de la jardinería y el advenimiento del nuevo estilo también será producto de otras influencias, como la visión de los pintores paisajistas (las composiciones de Nicolas Poussin, Claudio de Lorena o Jacob van Ruisdael entre otros se convertirían en modelos muy imitados) o el descubrimiento de la jardinería oriental (descrita por los viajeros y mostrada por dibujos y grabados).
Arriba, cuadro de Claudio de Lorena “Paisaje con Eneas en Delos” (1671-1672) en el que se aprecia la influencia en los jardines ingleses. Debajo composición de Stourhead en la que se aprecia la inspiración directa de imágenes como la pintura superior. En la imagen inferior, esquema del jardín indicando el punto de vista (y los puntos verdes localizan los dos elementos principales, el puente en primer término y el Pantheon al fondo)

Los pioneros: Vanbrugh, Bridgeman y Kent.
Durante la primera mitad del siglo XVIII, la idiosincrasia inglesa y su particular relación con la naturaleza acabaron imponiéndose sobre los planteamientos importados de Francia, que habían sido la moda a lo largo del siglo anterior. En esos años, fueron despuntando propuestas que asentaron las bases del nuevo estilo.
El arquitecto John Vanbrugh, (1664-1726), que fue uno de los máximos exponentes del Barroco inglés, con construcciones tan importantes como Castle Howard o Blenheim Palace,  es considerado uno de los pioneros en la concepción naturalista del paisaje. Vanbrugh tenía un carácter polifacético que se interesó por otros campos de expresión, destacando también como escritor y diseñador escenográfico. Esta última actividad le condujo a incrementar paulatinamente el interés por las relaciones entre la arquitectura y su entorno, y especialmente con el paisaje. Con el tiempo fue involucrándose, cada vez más, en la realización de jardines para sus edificios.
Blenheim. Woodstock, Oxfordshire, Inglaterra.
Aunque el primero en proponer caminos alternativos al triunfante estilo francés, que anticipaban la evolución de aquellos esquemas geométricos hacia una mayor libertad de diseño, fue Charles Bridgeman (1690-1738). Sus obras, aunque sin romper decididamente con el pasado, muestran una concepción más flexible, con decisiones como la supresión de la topiaria (la poda artística y geométrica de la vegetación).
No obstante, se considera a William Kent (1685-1748) como el verdadero creador del modelo inglés de paisaje. Kent fue un artista pluridisciplinar y entre sus realizaciones, se ocupó también de los jardines. Muy vinculado a las corrientes literarias de su época que fueron alumbrando la nueva conciencia hacia el paisaje,  Kent materializó esas ideas en realizaciones concretas a partir de 1720. Sus jardines sacaban el máximo partido a las particularidades del terreno, intensificando o atenuando sus rasgos para conseguir composiciones como las ofrecidas por los admirados pintores paisajistas de la época (lo que etiquetaría al nuevo estilo como “pintoresco”). Uno de las grandes aportaciones de Kent fue mostrar las posibilidades espaciales de árboles y arbustos en sí mismos, con su forma natural, sus colores o texturas originales.
Chiswick Gardens (Londres), obra de William Kent.
Estos precursores fueron definiendo los rasgos del estilo con jardines innovadores:
Inglaterra        Jardines Eastbury Palace       (Bridgeman, 1714)
Inglaterra        Stowe, primera versión          (Bridgeman, 1714)
Inglaterra        Chiswick (Londres)                   (Kent, 1724-1736)
Inglaterra        Oxfordshire Rousham             (Kent, 1727-1737)
Inglaterra        Stowe, segunda versión         (Kent, 1733)
Inglaterra        Jardín de Painshill                     (Kent)

El apogeo del Jardín Inglés.
El apogeo del jardín inglés llegaría a mediados del siglo XVIII. La figura más relevante, que elevó el nuevo estilo hacia la cumbre, fue Lancelot Brown (1715-1783). Su brillantez y reconocida capacidad le llevó a recibir un calificativo con el que pasaría a la historia: “Capability” Brown. Con él, los nuevos paisajes se despojaron definitivamente de elementos regulares y la libertad creativa alcanzó su máxima expresión. Además, Brown también asentó la autonomía compositiva relajando sus inspiraciones pictóricas y despojando a los jardines de las referencias culturalistas y simbólicas. Los juegos con la topografía, los contrastes de vegetación (entre grandes praderas y masas boscosas o entre colores y texturas) y la importancia del agua (más como superficie que como curso) son algunas de los rasgos que definen sus jardines. Capability Brown partía de las sugerencias del lugar y con su actuación pretendía potenciar los valores preexistentes y corregir sus “defectos”. Aunque aludía al “genius loci” (el espíritu del lugar) como su fuente de inspiración, los paisajes de Brown eran composiciones muy elaboradas y sofisticadas, que lograban aparecer como una naturaleza poco retocada, como si hubiera tenido esa disposición desde antaño sin apenas intervención humana. Sus obras son muy numerosas (alrededor de 170 parques y jardines) dejando constancia de una incesante actividad que contribuyó a extender rápidamente su influencia.
Prior Park, en Bath, obra de “Capability” Brown. Las influencias palladianas son evidentes en el diseño del puente.
La otra gran figura del paisajismo inglés del siglo ilustrado fue, en la siguiente generación, Humphry Repton (1752-1818). Las obras de Repton son menos radicales que las de su antecesor, de hecho, le gustaba presentarse como el justo medio entre Le Nôtre y Brown, capaz de conjugar la grandiosidad del primero con la gracia del segundo. Al margen de ofrecer una mayor diversidad en sus propuestas, una de las grandes aportaciones de Repton fue la visión dinámica de los paisajes, que hasta entonces eran considerados panoramas estáticos para ser captados desde puntos de vista privilegiados. Con él, los paseos se convertían en recorridos que disfrutaban de una sucesión de vistas cambiantes, careciendo de un observatorio fijo y predeterminado.
Sheffield Park, en Sussex, obra de Humphry Repton.
Esta época de esplendor del jardín paisajista dejó obras referenciales como:
Inglaterra        Stourhead                                   (Hoare, 1740-1760)
Inglaterra        Stowe (modificaciones)          (Brown, 1741-1751)
Inglaterra        Prior Park (Bath)                      (Brown, 1750-1760)
Inglaterra        Blenheim, segunda versión   (Brown, 1764)
Inglaterra        Cobham Hall (Kent)                 (Repton, 1790)
Inglaterra        Sheffield Park (Sussex)           (Repton, 1794)

Criterios esenciales de diseño del Jardín paisajista inglés.
Aunque el jardín inglés pueda aparentar una naturaleza escasamente intervenida por el hombre, lo cierto es que eran composiciones tan artificiales como sus precedentes francesas. Ahora bien, el éxito radicaba en no parecerlo.
También el jardín paisajista inglés, tuvo sus teóricos que pusieron por escrito los rasgos definitorios del estilo. Uno de los importantes fue Uvedale Price (1747-1829), escritor y seguidor del estilo de Capability Brown (cuyas teorías experimentó en su propia hacienda de Foxley) que publicó el influyente Essay on the Picturesque, As Compared With The Sublime and The Beautiful (Ensayo sobre lo pintoresco, comparado con lo sublime y lo bello, 1794), en el que sentó las bases de la estética “pintoresca”.
Pero la gran obra de referencia, que actuó a modo de guía de diseño, fue Observations on Modern Gardening (Observaciones sobre jardinería moderna) publicado en 1770 por Thomas Whately.
Whately argumentaba que, para crear un paisaje, la naturaleza solamente opera con cuatro elementos (terreno, arbolado, agua y rocas) a los que el ser humano incorpora un quinto factor (arquitectura).
La combinación adecuada de todos ellos es la base fundamental para conformar los jardines. 
En sus observaciones sobre los terrenos propone una serie de sencillas reglas de combinación de superficies cóncavas, convexas y planas para lograr el objetivo de una apariencia natural. Por ejemplo, sugiriendo los perfiles más adecuados o indicando la conveniencia de evitar la formación de figuras regulares al replantear colinas y hondonadas.
 Respecto a la vegetación fijó los tres niveles de composición habituales: el superficial de las plantas cobertoras, el intermedio de los arbustos o el superior de los árboles. Sobre cada uno de ellos, explica sus posibilidades formales, a través de juegos de escala, textura y colores, donde se recomienda diferentes yuxtaposiciones de tonos y gamas cromáticas, como haría un pintor. También amplió bastante el abanico de especies utilizadas.
El agua es otro de los elementos destacados, por su capacidad para potenciar sensaciones a través de reflejos o sonidos (a veces delicados como un murmullo y en otras ocasiones estruendosos como una cascada) o incluso de la frescura que puede proporcionar. Whately ofrece un catálogo de soluciones tanto para resolver el movimiento (aguas corrientes de rios o arroyos) como las “láminas de agua” (lagos o embalses), así como toda una serie de elementos complementarios, particularmente los puentes.
Las rocas son unos elementos complementarios importantes para proporcionar realismo, sobre todo conjugadas con árboles, o modificadas por musgos o plantas trepadoras.
Stourhead, obra de Henry Hoare II, banquero con aspiraciones artísticas que le llevaron a diseñar los jardines de s propiedad, con indudable éxito.
Por último, respecto a la arquitectura, las recomendaciones indican que no se debe abusar de ella. Las construcciones se deben limitar a apariciones puntuales, unas veces con un fin utilitario (ofrecer cobijo por ejemplo) y otras como foco de una determinada composición (como en el caso de los templetes). Es relevante la importancia dada a las ruinas como elemento de gran expresividad. De hecho, si no existían convenía crearlas ex profeso para hacer “viajar” a la imaginación.
Todos estos elementos se hilvanaban a través de los paseos que estructuraban los jardines. Los recorridos también debían reflejar la espontaneidad natural y por eso se renunciaba a los trazados rectilíneos o regulares, proponiendo senderos sinuosos, adaptados al relieve, cómodos y que además potenciaran esa fragmentación de las visiones.

Hubo otros tratadistas que intentaron codificar los principios de la nueva jardinería. Algunos de los libros más influyentes fueron:
Claude-Henri Watelet,                     “Essai sur les jardins” (1774)
Antoine-Nicolas Duchesne,           “Sur la formation des jardins” (1775)
Jean-Marie Morel                              “Théorie des jardins” (1776)

Stourhead Gardens
Desarrollo del Jardín Paisajista  (en el resto de Europa)
Europa irá poco a poco asimilando las nuevas formas del paisaje importadas desde las islas británicas, apareciendo jardines que se convirtieron en referencias absolutas del nuevo estilo:
Francia             Ermenonville                               (Giradin, 1766-1776)
Francia             Parque de Monceau                (Carrogis “Carmontelle”, 1773-1778)
Francia             Parque de Méréville                 (François-Joseph Bélanger, 1784-1786)
Francia             Versalles Pequeño Trianon   (Mique, 1778-1782)
España             El Capricho (Madrid)               (Pablo Boutelou, J-B. Mulot, 1787-1795)
Alemania         Munich Englische Garten       (Friedrich Ludwig von Schell, 1766-1776)
Alemania         Nymphenburger Schlosspark       (Schell, 1799)
Alemania         Schwetzingen                             (Schell)

Alemania         Parque de Wörlitz                     (Johann Christian Neumark)

1 comentario:

  1. Soy estudiante de Historia del Arte y este post me ha sido de gran ayuda, muchas gracias.

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