10 sept. 2017

Contrastes medievales: Orden e irregularidad en los ejemplos de Carcasona y Aigues-Mortes.

La Cité de Carcasona (arriba) y Aigues-Mortes (debajo), son dos núcleos urbanos de tamaño similar, pero de trazado radicalmente diferente: irregular y ordenado, respectivamente.
La Alta Edad Media fue un periodo difícil para la ciudad en el occidente europeo. Pero la ciudad resistiría y durante los siglos XII y XIII experimentó una revitalización extraordinaria, con crecimientos importantes y numerosas fundaciones.
Aquellas ciudades medievales siguieron, básicamente, dos modelos radicalmente diferentes: por un lado, la planificación racional, basada en el orden y la geometría; y, por otro, la ausencia de un plan previo, de manera que los trazados eran espontáneos, sugeridos por el relieve y los intereses de cada momento, caracterizándose por una gran irregularidad.
En el suroeste francés hay dos buenas representantes de estos contrastes urbanos: Carcasona y Aigues-Mortes. Aigues-Mortes siguió el modelo de ciudad ordenada mientras que la espectacular Cité de Carcasona es un ejemplo de la irregularidad medieval (aunque también cuenta con una “bastida”, racional y regular).

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Orden versus irregularidad en las fundaciones urbanas medievales.
La Alta Edad Media fue un periodo difícil para la ciudad en el occidente europeo. Las numerosas convulsiones (políticas, militares, sanitarias, etc.) pusieron al sistema urbano (y a las propias ciudades) al borde del colapso y de su extinción. Pero la ciudad resistiría (no podía ser de otra manera) y, durante los siglos XII y XIII, experimentó una revitalización extraordinaria con crecimientos importantes y numerosas fundaciones.
Básicamente hubo dos modelos de referencia. O, mejor dicho, por una parte, hubo un modelo y, por otra, la ausencia de cualquier modelo. Con el resurgir urbano se rescatarían las ideas de la planificación clásica de griegos y romanos para fijar el prototipo de ciudad medieval regular que tuvo una de sus más interesantes expresiones en las bastidas, con sus trazados cuadrangulares (existe una notable colección de bastidas construidas tanto en el sur de Francia como en España, sobre todo en el entorno del Camino de Santiago, la gran puerta de acceso de las innovaciones que se estaban produciendo al norte de los Pirineos).
La bastida de Carcasona (la ciudad baja) es un ejemplo de ciudad ordenada. En la imagen, la bastida en 1359.
Aunque en paralelo a esa ciudad ordenada, nacieron otras muchas urbes que irían creciendo como organismos ajenos a la racionalidad, únicamente condicionadas por las exigencias del relieve (determinado generalmente por orografías difíciles, sobre todo colinas y sus laderas, escogidas habitualmente por criterios defensivos) y los intereses de cada momento. La espontaneidad y la irregularidad serían las señas de identidad principales en estas ciudades “orgánicas”.
La Cité de Carcasona (la ciudad alta) es un ejemplo de ciudad irregualr. En la imagen, plano de la misma realizado por el arquitecto Viollet-le-Duc, responsable de su restauración (el norte, hacia abajo).
En el suroeste francés hay dos buenas representantes de estos contrastes urbanos medievales: Carcasona y Aigues-Mortes. Aigues-Mortes siguió el modelo de ciudad ordenada mientras que la Cité de Carcasona es un ejemplo de la irregularidad medieval (no obstante, esta ciudad ofrece los dos modelos, ya que, también surgiría un asentamiento planteado como una bastida, racional y regular).
La comparación de estas dos ciudades es pertinente porque, primero, cuentan con unas dimensiones muy similares: los lados del rectángulo de Aigues-Mortes suman unos 1.585 metros, y el perímetro de la Cité de Carcasona alcanza los 1.650 metros, aunque en este caso, al disponer de un doble recinto, cuente con casi tres kilómetros de muralla. Segundo, porque se encuentran cercanas en el espacio, en la región del Languedoc, aunque Carcasona se sitúa en el extremo meridional, junto a los Pirineos, mientras que Aigues-Mortes lo hace en el extremo norte, junto al rio Ródano. Tercero, porque están próximas en el tiempo puesto que ambas fueron formalizadas a mediados del siglo XIII (en esas fechas se fundó Aigues-Mortes y se estableció la configuración definitiva de la Cité de Carcasona, que era una ciudad más antigua). Y, por último, porque ambas muestran todavía, en el siglo XXI, buena parte de los rasgos adquiridos en los tiempos de su concepción.

El Languedoc en el siglo XIII.
Los romanos, como resultado de las Guerras Púnicas en las que vencieron a los cartagineses, conquistaron Hispania y se hicieron con el control del Mediterráneo Occidental. Entonces vieron la necesidad de complementar las comunicaciones entre Italia y la península ibérica por vía terrestre.
Esto les llevó a hacerse con el control del territorio que las separaba y que estaba muy bien definido geográficamente: por el sur, los Pirineos (que actuaban como una puerta de Hispania); por el norte y el este, los Alpes (en este caso, puerta de Italia); por el sur y sureste, el Mar Mediterráneo; y, por el norte y oeste, el Macizo Central (con la presencia del rio Ródano, Rhône, que separaba este sistema montañoso del de los Alpes y era una vía de comunicación hacia el centro del continente).
Mapa del suroeste francés, indicando la localización de Carcasona, en el corredor que une Toulouse con el Mediterráneo; y Aigues-Mortes, en la Camarga, la desembocadura del rio Ródano.
Allí constituirían la Galia Transalpina que se acabaría convirtiendo en la Provincia de la Galia Narbonesa (Gallia Narbonensis), gobernada desde la ciudad de Narbona. Este territorio quedaría estructurado por una gran calzada romana: la Via Domitia que unía Alpes y Pirineos.
El Ródano, además de vía de comunicación, acabaría convirtiéndose en limite político. Con la descomposición del imperio romano occidental, los visigodos se harían con el control de la Galia al sur del rio Loira (realmente ya estaban allí actuando como pueblo federado de los romanos). En ese territorio crearían el llamado reino visigodo de Tolosa, por tener a la actual Toulouse como capital. Pero los francos consiguieron arrebatarles casi toda la Galia y los visigodos acabarían centrando sus dominios en la Península Ibérica (el llamado reino visigodo de Toledo, donde fijaron su nueva capital). De las tierras al norte de los Pirineos conservarían únicamente la “Septimania”, la parte de aquella antigua Galia Narbonesa situada al occidente del rio Ródano. La parte oriental acabaría siendo controlada por los burgundios que la llamarían simplemente “Provincia” en referencia a su sustrato romano.
“Provincia” se convertiría en Provence, y se integraría en el Reino de Borgoña y “Septimania” sería conocida como Languedoc, una referencia al idioma hablado en la zona a partir de la evolución del latín (la “langue d’oc” se diferenciaba de la “langue d’oïl” que se hablaba al norte del rio Loira). Tras la caída del reino visigodo peninsular, empujado por la invasión árabe del siglo VIII, aquellos territorios meridionales, lucharían por su identidad y autonomía frente a los reinos que estaban surgiendo en su entorno, pero la historia recuerda como a principios del siglo XIII, como consecuencia de la terrible Guerra de los Cátaros (la denominada Cruzada Albigense), acabarían perdiendo su independencia siendo integrados en el reino de los francos.
Imagen de la Cité de Carcasona, que tuvo un papel muy relevante en la Cruzada Albigense como lugar de resistencia cátara.
En aquel siglo XIII, la dinastía Capeta que gobernaba el reino Franco alcanzaría prácticamente sus límites máximos, en buena parte gracias a los esfuerzos realizados por el rey Felipe Augusto (Felipe II de Francia). Su labor la acabarían completando sus sucesores: el breve Luis VIII y, sobre todo, Luis IX, conocido por la posteridad como San Luis. El “rey santo”, que gobernaría casi cincuenta años, entre 1226 y 1270, sería el responsable de varias decisiones de carácter urbano que asentarían el control franco sobre la zona. Dos de sus actuaciones con mayor repercusión las llevaría a cabo en Carcasona y en Aigues-Mortes. San Luis sería el responsable de la configuración definitiva de la Cité de Carcasona, auspiciaría la creación de su bastide, y también fundaría la ciudad portuaria de Aigues-Mortes.

Imagen aérea de Aigues-Mortes, en la que se parecía la regularidad de su trazado.
Aigues-Mortes, la ciudad medieval ordenada.
En el siglo XIII, la costa mediterránea entre los Pirineos y los Alpes era un territorio políticamente heterogéneo. El reino Franco, había alcanzado el mar en aquella época con la conquista mayoritaria del Languedoc (gracias a la Cruzada Albigense), cumpliendo un ansiado deseo desde mucho tiempo atrás. Pero los francos, no controlaban las principales ciudades portuarias de la región, cuestión que se convertía en una desventaja que perjudicaba sus intereses.
Por ejemplo, el gran puerto de Marsella, en la Provenza, era propiedad de Carlos de Anjou, quien, aun siendo hermano de San Luis, tenía sus ambiciones particulares (de hecho, utilizaría el condado de Provenza como plataforma para conquistar el Reino de Sicilia y el Reino de Nápoles, que gobernaría entre 1266 y 1285). Tampoco los muelles principales del Languedoc quedaron bajo dominio franco, porque la ciudad portuaria de Agde era propiedad del conde de Toulouse o el señorío de Montpellier pertenecía a la Corona de Aragón.
El caso es que San Luis no disponía de un puerto que le proporcionara un acceso importante al Mediterráneo y su operativa de navegación dependía de los acuerdos con el resto de gobernantes (tanto para el tráfico de mercaderías, como, incluso, y eso era trascendental para el rey santo, para el embarque de sus tropas con destino a las Cruzadas). En consecuencia, con el objetivo de resolver esa insostenible situación, el monarca decidió construir una ciudad portuaria para su uso exclusivo.
El lugar escogido serían las costas arenosas de la Camarga, en la desembocadura del Ródano. Allí levantaría Aigues-Mortes, aunque paradójicamente, la ciudad no tendría un contacto directo con la orilla del mar. Una de las razones de ese relativo alejamiento era dificultar el asalto de los piratas o de los reinos enemigos. Para llegar al puerto de la ciudad, las naves entraban por “la grande Motte” en Grau Louis, atravesaban el étang de Repausset y debían recorrer un canal algo tortuoso (el Canal Viejo) para atracar junto a las murallas.
Para su defensa levantaría la Tour Carbonnière, una imponente torre exenta, al norte de la ciudad, y la Tour Constance, construida en una esquina de la villa para albergar a su guarnición.
Planta de Aigues-Mortes
La ciudad se trazó buscando la racionalidad y eficacia de los modelos clásicos: una retícula ortogonal dentro de un rectángulo (que inicialmente no contaba con murallas). No obstante, y quizá por eso, su trazado no respondería exactamente a los cánones antiguos, ya que presentaría una disposición asimétrica de los ejes principales (que repercutiría en las futuras puertas), las manzanas mostraban dimensiones dispares o el “centro” urbano quedaba “descentrado” (la Plaza de San Luis, place Saint-Louis, en la que se encuentra la iglesia gótica de Notre-Dame-des-Sablons).
Porte des Moulins, en el lienzo sur de la muralla de Aigues-Mortes.
Dado el interés de consolidar rápidamente la nueva ciudad, se buscó atraer población concediéndole una carta de fundación con atractivos privilegios, como exenciones de impuestos, que favoreció la llegada de los nuevos ciudadanos.
A pesar de todo, el alejamiento de la costa no sería suficiente para salvaguardar la ciudad y por eso, el rey Felipe III “el atrevido” (hijo y sucesor del rey santo) ordenó que se levantara una poderosa muralla para defenderla. Los trabajos se prolongarían entre 1273 y 1302, siendo concluidos en tiempos del nieto de San Luis, Felipe IV “el hermoso”.
La Tour Constance
Pero Aigues-Mortes tendría problemas. Mantener abiertos los canales con el calado suficiente era una labor costosa que exigía continuos dragados frente a los sedimentos que aportaba el Ródano. Estas dificultades pesarían en la decisión que hizo que Aigues-Mortes perdería su relevancia a partir de 1481, fecha en la que Provenza quedó incorporada al reino de Francia y Marsella se convertiría en el principal puerto de la región. Además, una gran inundación del Ródano en 1570 modificó los cursos acuáticos, obligando a esforzados trabajos para reconfigurar los canales de comunicación.
Aigues-Mortes. Rue Victor Hugo, vista hacia el sur enfocando la parte trasera de la Porte de l’Organeau.
Hoy Aigues-Mortes es una pequeña y tranquila ciudad de unos 8.500 habitantes, una buena parte de los cuales residen fuera de las murallas, en los crecimientos modernos. La buena conservación de la ciudad antigua atrae cada vez más turismo, hasta el punto de convertirlo en una de sus principales fuentes económicas, junto a las tradicionales, que están vinculadas a la explotación de su entorno (como las ganaderías de caballos de la Camarga o las salinas).

Carcasona (Carcassonne), la reunión de los contrarios: la Cité irregular y la Bastide ordenada.
Hay dos Carcasonas separadas por el rio Aude: al este, sobre un promontorio, la ciudad original, la espectacular Cité, patrimonio de la humanidad y reino del turismo; mientras que, en la orilla occidental, se encuentra la bastida de San Luis, el núcleo funcional de la ciudad actual.
Plano de Carcasona en 1787. Se aprecia con claridad las dos partes de la ciudad a ambos lados del rio Aude: la Cité (la ciudad alta) irregular y la Bastida de San Luis (la ciudad baja) ordenada.
La Cité de Carcasona (el trazado medieval irregular).
El origen de Carcasona es remoto. El lugar, en lo alto de un promontorio rocoso que permitía dominar el valle del rio Aude, resultaba estratégico. Allí se ubicó un asentamiento galo, un oppidum (Carcaso), que ocupó, aproximadamente, el sitio del actual Palacio Condal. Los romanos conquistarían la región en el siglo I a.C. y convertirían ese núcleo en la Colonia Julia Carcaso (en el año 27 a.C.), amurallándola hacia el siglo IV.
Carcaso sería posteriormente tomada por los visigodos, quienes incrementarían su jerarquía en la región, convirtiéndola en sede de un obispado. En el siglo IX se constituiría el Condado de Carcassonne, un estado feudal que alcanzaría mucho protagonismo. La catedral y el castillo condal, construidos en torno al siglo XI, reforzarían el predominio de la ciudad sobre la zona.
Carcasona (que entonces se limitaba a la actual Cité) tuvo un papel relevante en la Cruzada Albigense, que había sido promovida por los francos junto al Papa, para extirpar la herejía cátara de la región (y, de paso, permitir al reino francés adueñarse de todos esos ricos y estratégicos territorios). Carcasona fue un lugar de resistencia cátara que defendió con fuerza su independencia, pero acabaría siendo anexionada al reino franco en el año 1224. La necesaria reconstrucción y el refuerzo de la urbe llevaría a que, entre los años 1240 y 1280, con el impulso del rey Luis IX, la Cité de Carcasona adoptaría su imagen final. El refuerzo era necesario porque, en el siglo XIII, Carcasona era una ciudad fronteriza, ya que el territorio situado al sur, el Rosellón, pertenecía a la Corona de Aragón. Y, además, era trascendental dentro del eje de la comunicación entre el Mediterráneo y Toulouse.
Ortofoto de la Cité de Carcasona, un trazado irregular, tanto interior como exteriormente.
El recinto, quedó formado por un doble lienzo de murallas cuyo trazado adopta una forma de ovalo irregular debido a la adaptación a la orografía del cerro en el que se asienta. Cuenta con dos puertas principales: en el este, la Puerta Narbonesa que conecta con la antigua capital romana y, en el oeste, mirando al rio y hacia Toulouse, la Puerta del Aude. En su interior surgiría un entramado irregular, vinculado a la topografía que sería ocupado por las edificaciones residenciales y sobre el que destacan dos grandes edificios que rompiendo la escala del caserío se erigen como símbolos de los dos poderes de la época: el señor feudal y la iglesia. El primero es el Palacio Condal, un castillo iniciado en el siglo XI que cuenta con su propio recinto amurallado vinculado con los lienzos exteriores, aunque sufriría numerosas remodelaciones a partir del dominio francés. Y el segundo, es la iglesia basílica de Saint-Nazaire, iniciada también en el siglo XI con trazas románicas pero ampliada considerablemente a partir de mediados del siglo XIII siguiendo el estilo gótico.
Deteriorada por el paso de los siglos, la Cité sería restaurada a partir de 1852 por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc. Su trabajo fue muy criticado porque interpretó e incluso inventó parte de su espíritu medieval, como pueden ser las cubiertas cónicas de las torres que son más características del norte de Francia. Tras el fallecimiento de Viollet-le-Duc en 1879, los trabajos serían continuados por su discípulo Paul Boeswillwald. Con todo, la Cité de Carcassonne fue inscrita por la Unesco en 1997 en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.
Zona de Carcasona protegida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
La Bastida de Carcasona (el trazado medieval ordenado).
El control de Carcasona por parte de los francos, supuso la expulsión de los resistentes no afines a la causa, aunque el rey San Luis, les permitió establecerse al otro lado del rio Aude. Allí, en el llano, frente a la Cité, levantarían desde 1247 una ciudad nueva, que seguiría el modelo de las bastidas regulares de la Baja Edad Media (la denominada Bastide de Saint-Louis). Entre ambos núcleos, para salvar el rio, se tendería, en el siglo XIV, un largo puente de 200 metros que sustituía a otro anterior romano (es el Pont Vieux, Puente Viejo, hoy destinado exclusivamente al tráfico peatonal).
Ortofoto de la Bastida de San Luis en Carcasona, una retícula ortogonal envuelta en un hexágono irregular.
Las calles de la Bastida de Carcasona, la ciudad baja, son rectilíneas.
La bastida se planificó como un damero orientado según los ejes cardinales y constituido por manzanas cuadradas de aproximadamente 80 metros de lado (porque la realidad luego no sería tan exacta y las dimensiones ofrecen ligeras variaciones). En el centro, se abrió su plaza principal (la actual Place Carnot). Las dos iglesias más importantes, Saint Vincent y Saint Michel, se construyeron junto al eje central norte-sur de la ciudad (la primera al norte y la segunda al sur). El conjunto se vería finalmente envuelto por un recinto amurallado, levantado desde 1276, que conformó un hexágono irregular. Esta figura es la que adoptan los grandes bulevares que circunvalan la bastida desde que se derribaron las murallas (aunque quedan restos de las mismas).


En la actualidad, Carcasona es una ciudad de tamaño medio que se acerca a los 50.000 habitantes y ejerce de capital del departamento del Aude. Además de su papel administrativo, la ciudad cuenta con una economía que se apoya fundamentalmente en el comercio (la agricultura y la industria tienen poca relevancia) y, sobre todo, en el turismo y sus servicios asociados. De hecho, aunque el centro urbano se sitúa en la “ciudad baja”, en la bastida medieval, el punto de atracción de miles y miles de turistas sigue siendo la espectacular Cité, que se ha convertido en una especie de parque temático sobre la “ciudad medieval”, repleto de restaurantes, locales de artesanía y souvenirs, que disfruta de un éxito extraordinario.
La Cité de Carcasona se ha convertido en algo parecido a un parque temático sobre la ciudad medieval, que es visitada por una multitud de turistas.

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