22 ago. 2017

Lyon y las “puertas del tiempo”.

En Lyon, el paso entre las diferentes tramas históricas se realiza de una forma muy explícita, atravesando elementos que actúan como “puertas del tiempo”. Imagen desde el Vieux Lyon del Central Business District de la Part-Dieu en el que destacan el prisma truncado de la Tour Incity y el cilindro rosado de la Tour Part-Dieu.
En cierto modo, las ciudades permiten viajes en el tiempo, puesto que son una amalgama de espacios históricos. Ahora bien, mientras que en la mayoría de ellas los tejidos de diferentes épocas se suceden sin solución de continuidad, hay algunas urbes en las que esa transición se explicita de manera nítida.
Lyon es uno de esos casos. La gran ciudad francesa cuenta, como todas, con tejidos urbanos concebidos en periodos diversos, pero su originalidad radica en que el paso de uno a otro se realiza de una forma muy explícita, a través de ciertos elementos (naturales y artificiales) que transmiten la sensación de atravesar “puertas” que se abren a otros tiempos.


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Hay una serie en la televisión española (el “Ministerio del Tiempo”) en la que sus protagonistas viajan a diversas épocas de la historia accediendo a ellas por medio de unas misteriosas puertas que comunican el presente con esas fechas anteriores. En sus viajes a través del tiempo, los personajes se inmiscuyen en situaciones acaecidas con el objetivo de impedir hechos que, de producirse, hubieran cambiado el discurrir de la historia y, en consecuencia, el presente. La serie, tratada con bastante humor, “satisface” la irrealizable aspiración humana de viajar en el tiempo.
En cierto modo, las ciudades también permiten viajes en el tiempo, puesto que son una amalgama de espacios históricos que, si bien han sido modificados y adaptados por las diferentes generaciones, suelen conservar, en mayor o menor medida, el espíritu (e incluso el ambiente) con el que fueron creados.
Ahora bien, mientras que en la mayoría de las ciudades los tejidos históricos se suceden sin solución de continuidad, hay algunas urbes en las que esa transición se explicita de manera nítida. Hay diferentes opciones. En ciertos casos, esto sucede porque han conservado un recinto amurallado que envuelve el centro histórico que queda claramente separado del resto. En otras ocasiones es el propio trazado el que acentúa esa transición con espacios urbanos relevantes que separan los diferentes escenarios, papel que realizan, por ejemplo, los bulevares que responden a su sentido original, pero también grandes plazas o grandes vías de comunicación cumplen papeles similares. También hay situaciones en las que aparecen accidentes geográficos, como el relieve o ríos, para llamar la atención sobre esa variabilidad urbana.
Lyon es uno de esos casos en los que la geografía es determinante para marcar con rotundidad el paso de una época a otra. La gran ciudad francesa cuenta, como todas, con tejidos urbanos concebidos en periodos diversas, pero su originalidad radica en que el paso de uno a otro se realiza de una forma muy explícita, a través de ciertos elementos que transmiten la sensación de atravesar “puertas” que se abren a otros tiempos. Estas puertas pueden ser geográficas y naturales, como sucede tanto con el rio Saona como con el rio Ródano o con las pronunciadas laderas de las colinas que definen su relieve, o también artificiales, como los túneles tan característicos en Lyon. Desde luego que en estas apreciaciones hay una cierta licencia poética, porque la realidad no es tan elemental. No obstante, algunos de los recorridos más habituales transmiten esa sensación de atravesar “puertas del tiempo” que nos advierten del cambio de época.

Lugdunum, el Lyon romano, en la cima de la Fourvière.
La desembocadura del río Saona (Saône) en el Ródano (Rhône) configuró un territorio muy accidentado topográficamente: por el oeste se elevaba un promontorio (la colina de la Fourvière) y por el norte existía otro cerro (la Croix-Rousse), a partir del cual, en la cota de las aguas, se formaba una lengua de tierra que separaba los dos cauces fluviales y que se “deshacía” en una sucesión de pequeñas e irregulares islas pantanosas que creaban una compleja confluencia entre las dos corrientes. Esta variada topografía ha condicionado la evolución urbana de Lyon.
Esquema topográfico del solar inicial de Lyon, con el encuentro de los dos ríos (Saona y Ródano) y la península que los separaba antes de su conformación definitiva, así como las dos colinas contiguas (Fourvière y Croix-Rousse).
Esa localización resultaría muy importante en la antigüedad por ser la confluencia de dos ríos que servían de ruta entre el Mediterráneo y Europa Central. En la cima aplanada de la colina de la Fourvière, que permitía dominar y controlar el tráfico fluvial, nacería la denominada Colonia Copia Claudia Augusta Lugdunum (Lugdunum en su versión simplificada), que fue fundada oficialmente por Roma en el año 43 a.C.
Su estratégica ubicación (que ya había contado con presencia humana desde tiempos prehistóricos) determinaría la importancia que la historia reservaba a ese nuevo asentamiento. Lugdunum llegaría a ser la capital de la Gallia Lugdunensis y como tal se dotaría de los edificios que caracterizaban una distinción semejante. El trazado no correspondía con la tradicional retícula de las colonias romanas, sino que estaba formado por tres tramas que se adaptaban a la forma de la meseta y articulaban entre ellas los ejes principales de la ciudad, aunque los arqueólogos tienen dudas sobre la identificación exacta de estas vías (por ejemplo, hay varias hipótesis sobre la situación del decumanus).
Planta y maqueta de Lugdunum.
El Foro se encontraba en uno de los extremos de la ciudad, en el punto más alto de la colina y presidiendo el valle fluvial. Allí se encontraban los edificios principales de la ciudad como el Templo Capitolino, la Curia o el Palacio Imperial en el que se alojaron varios emperadores en sus visitas a la región (este espacio esencial está actualmente ocupado por la basílica de Notre-Dame de Fourvière, terminada en 1884 según el proyecto “neobizantino” de Pierre Bossan y cuya presencia en lo alto se ha convertido en un elemento icónico de Lyon). La ciudad contaría también con teatros, con un circo, además de termas e infraestructuras notables como los acueductos que abastecían la ciudad alta (porque hubo una ciudad baja denominada Condate, de la que prácticamente no quedan restos y que surgiría entre las laderas de la colina de la Croix-Rousse y parte de la península que se formaba entre los dos ríos para acoger mayoritariamente a la población gala).
La relevancia de Lugdunum y su singular localización la convertirían en el centro de una red de cuatro calzadas fundamentales en la estructuración de la Galia romana y que se agrupaban bajo el nombre de Via Agrippa: la primera se dirigía hacia el suroeste, hacia Aquitania; la segunda hacia el norte, hacia el rio Rin y Colonia (Köln); la tercera hacia el noroeste, apuntando al océano Atlántico en la región de Calais; y la cuarta, hacia el sur, hacia el Mediterráneo, siguiendo el curso del Ródano.
Imagen del Teatro romano de Lugdunum.
A pesar de su importancia, los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano asistirían a la decadencia de la antigua Lugdunum. Lo que en determinado momento fue una posición favorable para la ciudad (la cima de una colina) acabaría convirtiéndose en una desventaja. Durante la Edad Media, el alejamiento del cauce fluvial perjudicaba el comercio y, en consecuencia, la prosperidad de la ciudad. Por eso, los lioneses fueron abandonando la meseta elevada para construir otra ciudad en la ribera derecha del rio Saona (que ahora conocemos como Vieux Lyon).
La ciudad romana quedaría reducida a una serie de ruinas. En aquel gran solar “disponible” irían asentándose conventos y hospitales que buscaban alejarse del “mundanal ruido” y las trazas urbanas iniciales se irían perdiendo. La actualidad de Lugdunum se limita a unos pocos elementos arqueológicos (principalmente el Teatro y el Odeon).
Las laderas de la colina de la Fourvière separan Lugdunum (en la cima) del Vieux Lyon (a nivel de las aguas). La iglesia neobizantina de Notre-Dame de Fourvière que ocupa el lugar del antiguo Foro romano es uno de los iconos de Lyon.
La “puerta del tiempo” que separa la ciudad romana del resto de Lyon son las pronunciadas laderas de la colina y, más concretamente, el funicular que se arrastra por su pendiente siguiendo un túnel, al que nos referiremos a continuación.

El Vieux Lyon, medieval y renacentista en la ribera derecha del Saona.
Como decimos, los lioneses abandonaron la meseta elevada para construir un nuevo asentamiento en la ribera derecha del rio Saona. Este seguiría el modelo lineal típico del medievo, que se adaptaba al poco espacio que quedaba entre las laderas de la colina de la Fourvière y el cauce del rio.
Allí se consolidaría el Vieux Lyon (Lyon antiguo), un espacio desconectado del núcleo original y que se caracterizaría por unas dinámicas urbanas totalmente diferentes a las de Lugdunum. El Vieux Lyon se organiza a partir de tres polos identificado por tres iglesias (San Jorge -Saint-Georges-, al sur; San Pablo -Saint-Paul-, al norte; y San Juan -Saint-Jean-, en el centro, que es la principal y todavía sigue ejerciendo como catedral de la ciudad). Esos tres hitos quedan enlazados por unas pocas calles alargadas y estrechas que acompañan el trazado del río, como la rue Saint-Jean o la rue du Boeuf, y otras transversales, que configuran un conjunto medieval muy bien conservado (y restaurado). El Vieux Lyon es un lugar maravilloso con un ambiente muy particular que mezcla las esencias francesas con las influencias italianas (sobre todo florentinas, traídas por mercaderes y banqueros). Iglesias y viviendas medievales junto a palacios renacentistas enlazados todos por las angostas calles pavimentadas con piedra y adoquín han convertido a esta zona en una de las más visitadas por los turistas (como demuestra la profusión de tiendas y restaurantes abiertos para su servicio, destacando las tabernas -bouchons- típicamente lionesas).
Imagen del Vieux Lyon.
Imagen del Vieux Lyon.
Entre la Lugdunum romana y el Vieux Lyon, se encuentra la pronunciada pendiente de la colina de la Fourvière que separa radicalmente ambos lugares y posibilita su percepción como mundos totalmente diferentes. La conexión más habitual entre ambos es el funicular que se arrastra por el interior de la colina atravesando un túnel que une el nivel del río con la cima de la colina, emergiendo junto a la Iglesia neobizantina que preside desde lo alto toda la ciudad. El funicular y el túnel actúan como un cinematográfico fundido en negro que permite pasar de una época a otra, como si se atravesara una de esas imposibles “puertas del tiempo”.
El funicular y el túnel que conectan el Vieux Lyon con la cima donde su ubicó Lugdunum, actúan como un cinematográfico fundido en negro que permite pasar de una época a otra, como si se atravesara una de esas imposibles “puertas del tiempo”.
Los desniveles topográficos son algo característico del Lyon histórico y llevaron a la construcción de funiculares para ascender desde las cotas de los ríos hasta el nivel de las cimas de las colinas. El primero se abrió en 1862 para acceder a la Croix-Rousse (hoy desaparecido) y posteriormente se habilitarían otros que también han sido eliminados o reutilizados para el metro. En la actualidad funcionan dos líneas que parten de la plaza Saint-Jean y se dirigen a la parte alta de la Fourvière o al barrio de Saint-Just (donde se ubicaba el circo romano).

El Lyon noble y burgués de la Presqu’île septentrional.
Pero la constreñida localización del Vieux Lyon no se ajustaba a las necesidades de una ciudad industrial y burguesa, como requerirían los siglos posteriores. De ahí que, otra vez, los lioneses “abandonarían” la ciudad antigua para crear una nueva, en este caso al otro lado del río Saona, en la ribera fluvial que era parte de la alargada península que se formaba antes de la confluencia entre los ríos Saona y Ródano que, entonces, no presentaba la delimitación actual.
Lyon en 1745 con la colonización de la parte septentrional de la península (la Presqu’île)
En esa planicie peninsular inicial (la Presqu’île, como la denominan los lioneses y que ya tuvo cierta ocupación con la referida Condate romana) iría consolidándose, a partir del siglo XVI, la fastuosa Lyon y que culminaría con los grandes edificios levantados en los siglos XVIII y XIX. La nueva ciudad seguía una retícula que se ajustaba a la geometría del terreno de entonces (cuyos límites se curvaban). Con el tiempo se fueron produciendo rellenos y contenciones hasta conformar la forma peninsular actual. En ella, varias plazas de grandes dimensiones ejercerían el papel de nodos centrales engarzados por las largas calles que la recorrían de norte a sur y por sus transversales, de trazados más irregulares. Son destacables la Place des Terreaux al norte, la inmensa Place de Bellecour, la Place Carnot o el extraordinario Cours Verdun (que acabaría desapareciendo como veremos más adelante).
Plaza Bellecour (al fondo las laderas de la colina con Notre-Dame de Fourvière en la cima)
Lyon conocería una extraordinaria prosperidad durante el siglo XIX gracias a la industria de la seda, y en consecuencia acometería, bajo el Segundo Imperio francés, importantes transformaciones urbanas en la Presqu’île, que era entonces su núcleo esencial. Concretamente a partir de 1853 se realizaría la apertura de la actual rue de la République y la place de la République. Tras esa primera operación se acometerían otras como la aparición de las plazas des Cordeliers y de la Bourse, la realineación de la Place des Jacobins o la apertura de calles rectas como la rue Edouard Herriot o la rue de Brest, así como el ensanchamiento y regularización de otras muchas. También se construyeron nuevos edificios singulares como los del Palacio de la Bolsa (entre 1856 y 1860, proyectado por René Dardel) o los novedosos grandes almacenes, como el desaparecido À la ville de Lyon o el Aux deux passages (actual Printemps). Las reformas decimonónicas también afectaron puntualmente al Vieux Lyon, como es el caso de la construcción del Palais de justice historique, que ofrece su neoclásica fachada columnada al río Saona (1835-1847, Louis-Pierre Baltard).
Plano con las transformaciones decimonónicas en la parte noble de la Presqu’île.
La calidad de este conjunto urbano llevó a la UNESCO a incorporarlo, junto a Lugdunum, el Vieux Lyon y la Croix-Rousse, en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad en 1998.
Este Lyon también tiene su “puerta del tiempo”, materializada en el acto de cruzar el rio Saona por alguno de sus puentes.
El rio Saona separa el Vieux Lyon del desarrollo de los siglos posteriores en la Presqu’île.

La Croix-Rousse, densidad obrera en la colina.
Como hemos avanzado, la Presqu’île tiene un límite muy claro por el norte. Allí, en el istmo que la une con el resto del territorio lionés, una nueva elevación ejerce de remate radical a la planicie peninsular: las acentuadas pendientes de la colina de la Croix-Rousse. También este monte estuvo colonizado parcialmente en época galorromana (hay restos arqueológicos), pero sería con la Revolución Industrial cuando surgiría en ese lugar un nuevo Lyon, donde residirían los obreros y trabajadores de una ciudad que comenzaba a despuntar industrialmente.
Lyon se convertiría a principios del siglo XIX en la ciudad más industrializada de Francia, sobre todo textil y en particular relacionada con la seda. Los miles de obreros llegados para trabajar en la seda (los llamados canuts) residirían mayoritariamente en la Croix-Rousse que fue rápidamente urbanizada. 
Imagen del barrio de la Croix-Rousse.
La pendiente de la ladera ocupada forzó al trazado de callejuelas tortuosas, estrechas y empinadas (incluso con algunas con escaleras) que van ascendiendo hacia la cima. Por otra parte, la especulación inmobiliaria llevó a una intensa ocupación con edificios de viviendas de cinco o seis plantas y talleres para los tejedores que producirían un barrio de gran densidad. Esto queda resaltado por el contraste con la trama contigua peninsular, magnificada por los grandes espacios abiertos de la Place des Terreaux, Place de la Comedie y Place Louis Pradel.
La transición entre la península y la Croix-Rousse se produce por el contraste radical de la pendiente del terreno y los modelos urbanos, magnificada por los grandes espacios abiertos de la Place des Terreaux, Place de la Comedie y Place Louis Pradel. Entre estos espacios urbanos se encuentran los grandes edificios del Ayuntamiento y la Ópera de Jean Nouvel.
El barrio de la Croix-Rousse no tiene una “puerta del tiempo” propiamente dicha desde la Lyon peninsular, pero el cambio de pendiente del terreno y la diferencia radical de modelo urbano hace que la transición entre ambas se produzca de una forma plenamente consciente.

El Lyon moderno, en la margen izquierda del Ródano.
Lyon es la segunda ciudad francesa y su crecimiento a lo largo del siglo XX ha sido muy importante, aunque, no tanto en el centro sino en su periferia, dentro de los numerosos municipios limítrofes que conforman el área metropolitana de Lyon. Dentro del Lyon estricto, los 89.000 habitantes de 1800, pasaron a 459.000 en 1901 y a 506.000 en 2014 pero, contando la aglomeración del Gran Lyon (la Métropole de Lyon, creada en 2015), ascienden en las actuales 1.354.000 personas.
Pero más allá de esos crecimientos suburbiales relativamente recientes, el Lyon del siglo XIX y XX se desarrolló en la ribera oriental (la izquierda) del rio Ródano. Allí se construirían barrios como Les Brotteaux, el damero decimonónico que se configuró junto al parque de la Tête d'Or, siguiendo el diseño propuesto por el arquitecto Jean-Antoine Morand de Jouffrey.
Ortofoto de 1978 en la que se aprecia el damero del barrio Les Brotteaux y el trazado de la Part-Dieu.
A este trazado se le irían sumando otros desarrollos, ya en el siglo XX, como el interesante quartier des États-Unis, obra de Tony Garnier que se construyó entre 1920 y 1935. 

Quartier des États-Unis obra de Tony Garnier.
También es muy reseñable el Central Business District creado en la Part-Dieu, un segundo centro urbano comenzado a partir de finales de la década de 1960 y que alberga los principales rascacielos lioneses como son la Tour Swiss Life, la Tour Incity, la Tour Oxygène o la Tour Part-Dieu, así como la nueva estación ferroviaria principal de la ciudad, la Gare de Lyon-Part-Dieu.
Para acceder desde la ciudad histórica peninsular a esta parte de la ciudad (o viceversa) hay que atravesar alguno de los puentes que cruzan el rio Ródano, que se convierten así en las “puertas del tiempo” que nos trasladan desde los siglos anteriores a la ciudad moderna.
El Ródano separa la ciudad peninsular de los crecimientos modernos que se han producido durante los siglos XIX y XX en su margen izquierda (al fondo emergen los rascacielos de la Part-Dieu)

El último Lyon: Lyon Confluence en la punta de la Presqu'île.
Como sabemos, la Presqu’île quedaría ocupada, en su parte septentrional, por la magnífica Lyon burguesa que alberga la mayoría de los principales espacios y monumentos de la ciudad. Pero su mitad meridional, una vez delimitada, daría origen a algo muy diferente. Allí surgiría el conocido como Perrache, un barrio que acabaría oculto tras barreras ferroviarias y autopistas, y cuyo carácter portuario, industrial, obrero, donde se construyeron cárceles y se asentó la prostitución, acabaría por convertirlo en un lugar marginal de la ciudad.
Así, la península resultó un territorio bipolar, agravándose la segregación con la implantación de la antigua estación ferroviaria central de la ciudad y del gigantesco intercambiador que hizo desaparecer el espléndido Cours Verdun.
Pero desde hace veinte años se intenta insuflar vida al malherido Perrache. Tras dos décadas comienzan a verse los frutos de una ambiciosa operación que ha hecho que Lyon irrumpa con fuerza en el siglo XXI: Lyon Confluence. A esta peculiar actuación de regeneración urbana le dedicamos un artículo en este blog: “Lyon Confluence, el patito feo se transforma en cisne” y al él nos remitimos para profundizar en sus claves.
La marina que se abre al Saona es uno de los puntos más dinámicos de las primeras fases de Lyon-Confluence.

Imágenes de la nueva arquitectura que está emergiendo en Lyon-Confluence.
No obstante, y siguiendo la dinámica habitual en Lyon, también para acceder al nuevo barrio hay que atravesar una “puerta del tiempo”. En este caso es un umbral artificial, formado por la línea de ferrocarril que hay que cruzar por debajo en varios puntos localizados. Algunos de ellos conforman túneles que cumplen con esa misión tan lionesa de “puerta en el tiempo”.
Túnel de acceso a Perrache/Lyon-Confluence desde el Cours Verdun.

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