28 oct. 2017

La irregularidad creadora: Broadway y la generación de espacios urbanos en Nueva York.

Broadway supone la excepción a la trama regular característica de Manhattan. En la imagen, visión nocturna del Midtown de la isla en la que se aprecia el trazado sinuoso de Broadway sobre la base ordenada del ensanche de 1811. Destaca la iluminación de Times Square en la intersección de Broadway con la Séptima Avenida.
Broadway es un icono urbano mayúsculo. Su evocación nos traslada directamente a la isla de Manhattan. Pero, además, la palabra adquiere dimensiones míticas porque esa gran avenida es el símbolo del teatro neoyorquino (y especialmente de los musicales), aunque Broadway es mucho más.
Su testimonio sobre la memoria histórica de la ciudad (por ser el eje principal de la ciudad antigua o por seguir el camino indio que recorría la isla en toda su longitud); su “creadora” anomalía urbana en la trama ordenada de Manhattan; o, el hecho de ser una de las calles más largas del mundo, le proporcionan valores suplementarios que confirman su reconocimiento internacional.
Nos interesa particularmente su irregular trazado que, al enfrentarse al ensanche ortogonal de Manhattan, provoca situaciones urbanas excepcionales, generando algunos de los espacios más reconocidos de Nueva York. De esta forma, Broadway hilvana muchos de los lugares públicos más emblemáticos de la Gran Manzana, como Union Square, Madison Square, Times Square, o Columbus Circle.

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Broadway, mito y paradojas de uno de los grandes iconos de Nueva York.
Broadway es un icono urbano mayúsculo. Su evocación nos traslada a la isla de Manhattan. Pero, además, la palabra adquiere dimensiones míticas porque esa gran avenida es el símbolo del teatro neoyorquino (y especialmente de los musicales). De hecho, en el entorno de Times Square y de la Calle 42 se ubican numerosas salas donde se representan los más exitosos musicales del mundo, llegando a conformar un “circuito” muy frecuentado (especialmente por turistas).
La palabra Broadway adquiere dimensiones míticas como símbolo del teatro neoyorquino (y especialmente de los musicales), porque en el entorno de Times Square y de la Calle 42 (en la imagen) se ubican numerosas salas donde se representan los más exitosos musicales del mundo.
Pero Broadway es mucho más. Su testimonio sobre la memoria histórica de la ciudad, su importancia en el trazado urbano de Manhattan o el hecho de ser una de las calles más largas del mundo le proporcionan valores suplementarios que confirman su reconocimiento internacional.
En sus inicios holandeses, la calle tuvo un nombre “oficial” (Heere Straat, calle de los caballeros), aunque su denominación más popular sería la de Brede weg (camino ancho), que se solía aplicar a la vía más importante de un municipio porque era la de mayor tamaño y representatividad (algo parecido a la “calle mayor” en versión española). Así, serían esas últimas palabras las que acabarían condicionando su nombre definitivo, porque Broadway es la interpretación inglesa de aquella expresión originalmente holandesa (Brede weg). Esa denominación fue uno de los legados que la colonización de los Países Bajos dejó en el Nuevo Mundo y particularmente en Nueva York, ciudad fundada por ellos en la punta meridional de la isla de Manhattan en 1625 con el nombre de Nieuw Amsterdam, Nueva Amsterdam. La transformación terminológica del eje fundamental de aquel primer núcleo urbano se produjo en 1664, cuando la colonia holandesa paso al dominio inglés. Estos rebautizarían también la propia ciudad, que cambiaría su nombre por el de New York, Nueva York.
Plano de Nueva Ámsterdam en 1660 (conocido como Plano de Castello) redibujado en 1916. Broadway es la calle principal de directriz rectilínea y anchura superior al resto.
Esa embrionaria Broadway se extendió en su primer tramo hasta la muralla de la ciudad (ubicada en la actual Wall Street) y, en ese lugar, se ubicó una de las puertas de la antigua Nueva York. Una vez derribado el muro, esa planificada y rectilínea avenida principal acabaría conectando, en las entonces afueras de la ciudad (aproximadamente en la ubicación de la actual Union Square), con el antiguo camino que los indios utilizaban para recorrer la isla para, desde ese encuentro, seguir el irregular trazado de la vía indígena. El denominado Wickquasgeck Trail (camino de los Wickquasgeck, en referencia a la tribu que habitaba la zona) recorría toda la longitud de la isla de Manhattan aprovechando una “cresta” natural que se elevaba sobre los llanos irregulares del entorno.
En consecuencia, se produce una curiosa paradoja urbana: la primera Nueva York (al sur de la Calle 14) es un conjunto de tramas dislocadas que se ordenan en parte gracias a la rectitud de Broadway, mientras que dentro del cuadriculado ensanche surgido en 1811 (la trama de los commissioners), Broadway se muestra como una calle sinuosa que va distorsionando la retícula ortogonal (aunque el plano original no preveía dicha avenida). Pero, esta incongruente singularidad parece desvanecerse en el norte de la isla cuando Broadway se adapta a la trama regular de Manhattan, al situarse sobre entre la Décima Avenida y la Undécima (y luego superponerse a este última hurtándole el nombre). Pero eso es solo un espejismo porque, en el extremo norte de la isla, la vía vuelve a su esencia rebelde, serpenteando por la punta septentrional de Manhattan, hasta abandonarla al atravesar el Harlem River por el Broadway Bridge.
El apelativo Broadway tendría éxito entre los británicos y sería aplicado en numerosas ciudades para designar a su calle principal. De hecho, en la propia Nueva York, cada uno de sus cinco distritos (que en su momento fueron municipios independientes) cuenta con su propia Broadway. Pero, en cualquier caso, cuando el mundo se refiere simplemente a Broadway, la identifica con la larga avenida que discurre de sur a norte de Manhattan. No obstante, el Broadway del Bronx se sitúa en continuidad con la avenida de la isla, manteniendo el nombre, aunque no sea el eje fundamental del distrito continental neoyorquino. Esta prolongación (que además se extiende por el por el vecino Condado de Westchester) hace que todo el recorrido continuo de Broadway alcance los 50 kilómetros (21 en Manhattan, 4,5 en el Bronx, es decir 25,5 en Nueva York, y 24,5 en Westchester), hecho que la convierte en una de las calles más largas del mundo.
Pero a pesar de esa extraordinaria longitud, que le permite ofrecer todo tipo de ambientes urbanos (desde los grandes rascacielos en Manhattan hasta las viviendas unifamiliares en el Bronx y Westchester), su personalidad más reconocida internacionalmente se encuentra en sus primeros tramos.
Broadway en el Midtown de Manhattan donde su carácter de diagonal quebrada contrasta radicalmente con la retícula de 1811. 

La irregularidad creadora del trazado de Broadway.
Los trazados regulares que siguen retículas ortogonales, suelen verse, en bastantes ocasiones, distorsionados por vías diagonales que los atraviesan de forma descarnada. Esta decisión de diseño, tomada por los planificadores para “romper” las cuadrículas, suele tener dos motivos fundamentales. Por un lado, favorecen la comunicación entre zonas al conectarlas de manera directa evitando el recorrido por los “escalones” de los dameros. Y, por otro lado, su presencia pretende enriquecer el espacio urbano, al proporcionar diversidad en la creación de plazas o incluso de solares singulares para la arquitectura. Estas diagonales pueden formar parte del diseño original (como sucede con la avenida Diagonal de Barcelona o la compleja geometría de Washington) o, por el contrario, la trama debe asumir la preexistencia de ciertos caminos que quedan incorporados como calles irregulares (como la calle de Alcalá en Madrid o Broadway en Manhattan).
Pero los cruces complicados no son exclusivos de las tramas ortogonales. De hecho, uno de los más antiguos “problemas” de trazado urbano surge del cruce entre dos calles que forman un ángulo agudo, una intersección que plantea dificultades para su adecuada materialización. Estos encuentros biviales generan solares triangulares de difícil aprovechamiento para la arquitectura que requiere entonces de soluciones singulares (como es el caso del famosísimo rascacielos neoyorquino Flatiron, al que nos referiremos más adelante). Por eso, es más frecuente que el área próxima a su cruce quede abierta e integrada en el espacio urbano. Esta situación es muy usual en las irregulares ciudades antiguas, dándose, por lo general, dos situaciones. Por una parte, podían estar causados por dos vías que se dirigían hacia la puerta de la muralla y coincidían en ella, convergiendo a partir del muro en un solo camino exterior a la ciudad. Y, por otra parte, el caso contrario, que es más común, en el que una vía llegaba a la muralla y se bifurcaba en dos caminos exteriores que se orientaban hacia destinos diferentes (en el caso de Madrid, es muy paradigmático el “bivio” de la Red de San Luis, surgido a partir del antiguo encuentro con la muralla de la calle Montera, para, desde la puerta ubicada en ese punto, divergir en dos caminos, uno dirigido al antiguo municipio de Fuencarral (y de allí hacia el norte peninsular) y otro hacia el entonces pueblecito de Hortaleza (hoy son las calles de Fuencarral y de Hortaleza).
Broadway genera en su irregular recorrido espacios singulares. En la imagen se resaltan Columbus Circle, en la esquina de Central Park y la “pajarita” urbana formada por el doble triángulo de Dante Park y Richard Tucker Square.
Como hemos anticipado, estos bivios también son frecuentes en las ciudades planificadas con cuadriculas que, como decimos, suelen incorporar diagonales para producir variedad espacial (y dirigir tráficos de una forma más directa). En estos casos, acostumbra a suceder que las dos vías que se cruzan continúan su recorrido, generando un peculiar triangulo doble (concretamente, dos triángulos unidos por un vértice). La planta de esos encuentros recuerda a una “pajarita” y así nos referiremos a ellos cuando nos acerquemos a Broadway porque en su irregular recorrido por el ensanche de Manhattan genera unas cuantas al encontrarse con las grandes avenidas.
Centrándonos en Nueva York (Manhattan), podemos apreciar cómo, en la mayoría de los casos, los espacios estanciales de la isla tienen dos orígenes bien diferentes. Por un lado, están los que surgen por reserva dentro de las tramas regulares y por lo tanto son lugares adaptados a la retícula en la que se integran. En la Nueva York “antigua” (al sur de la calle 14) son poco abundantes y destaca, por ejemplo, Washington Square. En la Nueva York posterior a 1811, la que sigue la trama ortogonal propuesta por los commissioners, sobresalen el impresionante Central Park o Bryant Park.
La irregularidad de Broadway frente a la retícula ortogonal trazada en 1811 en la zona del Midtown, junto a Bryant Park.
Pero hay otra “familia” de espacios, los que surgen debido a la anomalía provocada por las vías diagonales que, en el caso de Nueva York (Manhattan), proceden casi exclusivamente de la “irregularidad” creadora de Broadway. La excepcionalidad de Broadway, que va recorriendo buena parte de Manhattan formando una directriz diagonal quebrada respecto a la orientación de la trama de 1811, origina distorsiones y espacios de difícil aprovechamiento edificatorio que se han ido convirtiendo, mayoritariamente, en espacios estanciales, plazas y parques, que van jalonando el largo itinerario de la avenida. Algunos son pequeños espacios, pero otros se encuentran entre los iconos urbanos de la Gran Manzana, como Union Square, Madison Square, Times Square, o Columbus Circle.

Broadway, recorrido y principales espacios estanciales asociados.
Broadway nace en el sur de la isla de Manhattan, en lo que fue el núcleo original de la ciudad. Concretamente en la actual plaza-parque conocida como Bowling Green que, desde sus orígenes, se convirtió en el centro político y social de la colonia holandesa. Esta plaza nació como espacio previo vinculado a la fortificación que defendía la ciudad (Fort Amsterdam para los holandeses, que fue rebautizado como Fort James por los ingleses y que acabaría siendo demolido en 1790, tras la Revolución estadounidense).
Imagen de Bowling Green en 1900, con el nacimiento de Broadway que inicia su recorrido hacia el norte de la isla.
Así, la gran avenida que nace de un espacio estancial será la gran generadora de buena parte de las plazas y parques que definen la Gran Manzana. No obstante, los primeros espacios públicos vinculados a Broadway (al margen de su punto de partida) surgen de forma lateral a la gran vía, que avanza abstraída en su rectitud escoltada por gigantescos edificios. A ella se adosan los espacios estanciales iniciales del recorrido. El primero surge en su lateral occidental y es la plaza de la Trinity Church, frente a Wall Street. Poco más adelante, en ese mismo lateral y con la misma estrategia urbana, se abren Zucotti Park y la plaza de la Capilla St. Paul.
Junto a este pequeño templo (que fue levantado en 1766 y es el más antiguo de Manhattan), todavía en la zona histórica, aparece la primera gran bifurcación aguda de Broadway: Park Row dejando el gran espacio urbano del City Hall
Nueva York en 1776. El círculo azul indica el Collect Pond y el marrón las colinas contiguas (el triángulo verde marca el Common). Las líneas rojas marcan los recorridos exteriores principales: Broadway interrumpida (en línea discontinua su futura prolongación), también el inicio del camino indígena por el centro de la isla y el camino junto al Hudson River para acceder a Greenwich Village.
Este punto es muy significativo en la historia de la ciudad ya que correspondía al Common de la antigua Nueva York, entonces la zona de pastos comunitarios. Pero al traspasar el Common, la Broadway inicial se topaba con las colinas que acompañaban al Collect Pond, un embalse natural de agua potable del que se abastecía la ciudad. Esta barrera topográfica supuso la interrupción de esta vía y la utilización de la senda que los indios habían seguido desde muchos años atrás y que partía desde el Common en dirección al East River dando una amplia curva hacia el centro evitando colinas y cauces fluviales. La contaminación del Collect Pond obligó a solucionar el abastecimiento de agua desde otras fuentes con dificultad, hasta que la traída de aguas se sistematizó en 1842 gracias al Croton Aqueduct. La inutilidad del lago llevó a la decisión de desecarlo, siendo drenado en 1811 a través de un canal (sobre el que se acabaría urbanizando Canal Street) y rellenado con material procedente de las colinas que lo circundaban. El resultado fue la explanación de toda la zona. A partir de dicha nivelación, Broadway pudo continuar con su trazado rectilíneo hacia el norte.
En el trazado que sigue desde el City Hall, la rectilínea Broadway no enlaza ninguna plaza, pero al llegar a la calle 10 se produce el primer atisbo de irregularidad que acabará siendo característico: el leve giro para enfilar Union Square (a la altura de la calle 14, el “límite” de la ciudad antigua). Union Square es el primero de los grandes espacios multiviales que generará Broadway en su recorrido (en este caso al unirse con la traza del comentado antiguo camino indígena que sigue Bowery y el pequeño tramo inicial de la Cuarta avenida). En ese punto se produce el entronque de Broadway con la trama del Plan de 1811.
Detalle del plano realizado por Egbert Ludovicus Viele en 1865 en el que se marca la línea de costa original de la isla, identificando así los terrenos ganados al Hudson River. También se señalan los accidentes geográficos anteriores a las explanaciones (colinas y arroyos). Las líneas rojas grafían el recorrido de Broadway y el antigua camino central que se reúnen en Union Square.
A partir de aquí Broadway abandona su rectitud para convertirse en una quebrada diagonal que va produciendo distorsiones en la trama permitiendo una secuencia de plazas y espacios urbanos de gran interés.
La transición se produce en Madison Square una plaza rectangular (formada por la Quinta Avenida, Madison Avenue y las calles 23 y 26) con una curiosa incorporación de Broadway en su esquina suroeste. Precisamente, el ángulo agudo que forman la Quinta y Broadway en su encuentro dio origen a uno de los edificios más emblemáticos de Manhattan: el Flatiron Building (el edificio “plancha”, en referencia a su planta triangular). Este peculiar rascacielos fue inaugurado en 1902 según el diseño de Daniel Burnham, uno de los arquitectos más representativos de la Primera Escuela de Chicago.
Madison Square es una plaza rectangular que presenta una peculiar esquina suroeste debido a la irrupción de Broadway.
El Flatiron Building es uno de los iconos arquitectónicos de Nueva York que obtiene su singular planta triangular del solar resultante del encuentro de Broadway con la Quinta Avenida, junto a Madison Square.
El siguiente encuentro se produce entre Broadway y la Sexta Avenida y es más singular morfológicamente. Como hemos anticipado, en ese punto se produce la primera forma de “pajarita”, con el doble espacio formado por los pequeños parques Greeley Square y Herald Square entre las calles 32 y 35.
En la intersección entre Broadway y la Séptima Avenida aparece el siguiente espacio multivia, que es, sin duda, uno de los espacios más populares y visitados de Nueva York: Times Square. El personalísimo espacio (entre las calles 42 y 47), cuyas proporciones lo sitúan a medio camino entre la tipología de calle y la plaza, también es un doble triángulo (la “pajarita”) que actúa como un salón urbano moderno, una morfología híbrida entre la comunicación y la estancia. Times Square, gracias a la permanente animación ciudadana, siempre abarrotado de personas, y a su particular imagen basada en los rótulos publicitarios luminosos, se ha convertido en un símbolo de la ciudad para todo el mundo. Además, junto a Times Square, la contigua Calle 42, ha atravesado el umbral de la fama para adquirir tintes míticos gracias a las numerosas salas donde se representan los mejores musicales del mundo. De hecho, como hemos reseñado anteriormente, Broadway es sinónimo de teatro musical.
Times Square, es el producto de la intersección de Broadway con la Séptima avenida y se ha convertido en uno de los principales espacios urbanos de Nueva York.
Tras abandonar Times Square, Broadway sigue su avance diagonal hacia el norte para recalar en otro de los puntos representativo de la ciudad: Columbus Circle. Allí, se encuentra con la Octava Avenida (y con la calle 59) para identificar la esquina suroeste de Central Park, el gran espacio verde de Manhattan. Este lugar se conforma como una plaza-glorieta de tráfico circular (de ahí su nombre, que rememora a los Circus británicos)
Columbus Circle marca la esquina suroeste de Central Park, donde se encuentran Broadway y la Octava Avenida.
Más al norte, su encuentro con Columbus Avenue (Novena avenida), entre las calles 63 y 66, conforma una nueva “pajarita” urbana, manifestada esta vez en la pareja triangular formada por Dante Park y Richard Tucker Square. La modestia de estos dos espacios queda compensada por el interés de esa ubicación ya que, frente a Dante Park, se abre otra plaza de mucha mayor repercusión en la ciudad, la Lincoln Center Plaza que sirve de antesala al complejo musical en el que se integra el Metropolitan Opera House, la gran sala de ópera de Nueva York. Y, por su parte, la pequeña Richard Tucker Square se enfrenta a otro de grandes equipamientos musicales neoyorquinos, la Juilliard School, la prestigiosa escuela de música, danza y teatro.
Las fructíferas distorsiones continúan al encontrase con Amsterdam Avenue (Décima avenida), entre las calles 70 y 73, generando otro espacio doble (otra de las “pajaritas” que venimos refiriendo) en este caso con la minúscula Sherman Square al sur (poco más que unos constreñidos parterres) y Verdi Square al norte, en donde se levanta la estatua que conmemora al compositor italiano desde 1906 (obra de Pasquale Civiletti).
A partir de allí, la inconformista vía, que se había opuesto a la retícula neoyorquina, comienza a girar hasta alinearse con la orientación de las avenidas, situándose, a la altura de la calle 78, entre la Décima y Undécima (también conocida en una parte de su recorrido como West End Avenue). No obstante, esa supeditación a la orientación propuesta por los commissioners no es totalmente respetada por Broadway ya que a lo largo de las siguientes manzanas (hasta llegar a la calle 103) su directriz no es totalmente recta manifestando ligeras curvaturas. Esto parece querer indicar que la rebeldía de Broadway no había desaparecido del todo, solamente se encontraba aletargada porque, de hecho, al llegar a la calle 103, Broadway gira bruscamente de nuevo para encontrase con la Undécima Avenida (West End Avenue). Ese cruce genera el triangular Straus Park (entre las calles 106 y 107).
A partir de ese punto, Broadway vuelve a la orientación canónica, asentándose sobre el trazado de la Undécima arrebatándole el nombre. Esto ocurre al llegar a la calle 108 (hay que recordar que en la calle 110 se encuentra el límite septentrional de Central Park, finalizando el Upper West Side). Desde entonces, la avenida se encarama en la loma que determina orográficamente el oeste de la isla hasta su extremo norte. Esos altos reciben nombres como Morningside Heights, Hamilton Heights, Washington Heights o Hudson Heights.
Desde ese punto, Broadway continua respetuosa con la directriz designada por la trama de 1811, atravesando el campus de la Columbia University (la universidad más antigua de Nueva York) y obviando las dificultades topográficas que va encontrándose en esa zona, cuestión que le lleva, por ejemplo, a sobrevolar Manhattanville (apareciendo como un viaducto sobre la diagonal marcada por el tramo oeste del Bulevar Martin Luther King, implantado sobre el barranco que separaba las colinas de la zona y se dirigía a un embarcadero localizado en el rio Hudson). En su recorrido posterior, Broadway observa indiferente la bifurcación que sale de ella a la altura de la calle 136 (Hamilton Place) para crear el pequeño parque triangular de Montefiore Square; e incluso atraviesa el cementerio Trinity Church, entre las calles 153 y 155; o crea, entre la 166 y 168, al encontrarse con la sinuosa St. Nicholas Avenue que venía ascendiendo desde los llanos bajos de Central Harlem, otro parque triangular, el Mitchell Square Park.
En la mayoría de estos casos, son otras las calles rebeldes e irregulares que iban motivando los espacios estanciales. Pero Broadway no podía soportar tanta contención y al llegar a la calle 169, justo en el punto de encuentro con St. Nicholas Avenue, en pleno corazón de Washington Heights, se produce una transmutación impresionante: la directriz recta continúa hacia el norte, pero lo hace recibiendo el nombre de la hasta entonces ondulada St. Nicholas Avenue, mientras que el trazado serpenteante que traía esta avenida, también prosigue, pero pasa a llamarse Broadway. Broadway ha dado el “cambiazo” nominal y, tras un largo y ordenado recorrido, recupera su carácter irregular. La rectitud había sido un espejismo pasajero y Broadway comienza a dar sus últimos serpenteos dentro de Manhattan. Atraviesa la vía de acceso al impresionante Georges Washington Bridge (que une la isla con la otra orilla del rio Hudson, con Fort Lee, ya en Nueva Jersey) y, coincidiendo con ese punto (calles 178 y 179), Broadway asume y comienza a compartir trazado y denominación con la carretera U.S. Route 9 (que nace allí y termina en la frontera con Canadá, pasando por Albany, la capital del Estado).
En el extremo norte de Manhattan, Fort Tryon Park se ve acompañado por Broadway, que serpentea por la cima de la loma limitando el parque por el este.
Desde ese punto Broadway comienza a ser otra. A pesar de su irregularidad (que sigue la cima de la loma) deja de provocar situaciones urbanas excepcionales y los pocos espacios urbanos (parques en su mayoría) se adosan a ella para seguir las laderas de la cresta (algo que recuerda a lo que sucedía en el principio de la avenida). Es el caso de Gorman Park y, sobre todo, de Fort Tryon Park, situado casi en el extremo norte, y cuya apertura permite a Broadway mirar desde lo alto al rio Hudson. En Fort Tryon Park se ubica The Cloisters, el museo de arte medieval europeo, donde, por cierto, se encuentra el ábside de la segoviana iglesia de San Martín de Fuentidueña, que fue desmontado piedra a piedra y trasladado a Nueva York a finales de la década de 1940. Finalmente, en sus últimas curvas, se adosa al Isham Park, antes de atravesar el rio Harlem por el Broadway Bridge y adentrarse en el Bronx junto a la peculiar área de Marble Hill.
Tras cruzar el puente, llevando ya un recorrido de 21 kilómetros, Broadway cambiará definitivamente su esencia. En el Bronx ya no será esa vía principal, estructurante, sino que será una avenida tangencial, cuyo mérito es continuar la traza del camino indio. Ya no hay grandes edificaciones, sino que discurre entre zonas verdes y urbanizaciones residenciales unifamiliares. Broadway conserva el nombre, pero ha perdido el espíritu. Es más parecida a una vía rodada de acceso directo a Manhattan, es decir la U.S. Route 9, que a una calle.

Tras abandonar la ciudad de Nueva York y adentrarse en el Condado de Westchester (en Yonkers concretamente), Broadway comienza a denominarse South Broadway (curioso nombre si se relaciona con el trazado neoyorquino que está al sur y comprensible si la atención se limita al tramo de Westchester). Desde su encuentro con Palisade Avenue, en Getty Square, continuará con el nombre de North Broadway, atravesando nuevos municipios como Hastings-On-Hudson, Dobbs Ferry, Irvington, y Tarrytown, para desaparecer definitivamente en la ciudad de Sleepy Hollow, convertida definitivamente en una autopista (US 9/NY 117).

1 comentario:

  1. Excelente articulo, doblemente disfritable luego de regresar de mis vacaciones en la Gran Manzana.

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