22 may. 2017

El “urbicidio” de Varsovia y la reconstrucción de la ciudad: entre la mímesis histórica y la “modernidad” soviética (y 2).

La reconstrucción de Varsovia tras el urbicidio de la Segunda Guerra Mundial tuvo dos caras: arriba, la ciudad moderna planificada según los criterios soviéticos (en el centro el icónico Palacio de la Cultura y de la Ciencia) y debajo la reconstrucción mimética de la Ciudad Vieja (Stare Miasto).
Tras aproximamos, en la primera parte de este artículo, a la Varsovia histórica, en esta segunda, profundizaremos en el urbicidio que padeció la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y en su posterior reconstrucción.
La reconstrucción de la capital polaca generó un intenso debate. Se enfrentaron dos posturas radicalmente diferentes:  por un lado se defendía una reconstrucción mimética, recuperando la ciudad de antes de la guerra; mientras que, por otro, se propugnaba olvidar el pasado y construir una “ciudad moderna”, planificada según el modelo soviético. Finalmente, Varsovia, renacería mostrando las dos tendencias.

----------------------------------------------------------------------------------------------------
El urbicidio de Varsovia y el debate sobre la reconstrucción.
La destrucción de Varsovia fue algo más que el resultado de las batallas ocurridas en su interior. Desde luego, en periodos de guerra, muchas ciudades han sufrido asedios, bombardeos, incendios, con destrozos de infraestructuras, edificios abatidos, etc., pero lo de Varsovia fue otra cosa. Porque, además de los quebrantos propios de una contienda, estaría la firme decisión del régimen nazi de eliminar la ciudad.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, y tras el denominado Alzamiento de Varsovia de 1944, en el que la resistencia civil puso en jaque al ejército alemán, los nazis decidieron arrasar la ciudad con el objetivo de dar ejemplo y evitar sublevaciones en otros lugares. Esa proposición liquidativa cuenta, desgraciadamente, con bastantes ejemplos a lo largo de la historia, porque, para acabar con la moral y la resistencia de una comunidad, no hay nada mejor que destruir los símbolos y los elementos que la cohesionan (entre ellos sus ciudades). La pretendida exterminación de la capital polaca comenzó con un expolio generalizado en el que la riqueza artística acumulada en Varsovia a lo largo de los siglos fue, literalmente, robada.  A continuación, se iniciaron acciones sistemáticas para la destrucción de edificios, calles y plazas en un intento de borrar la ciudad del mapa.
Pero la amenaza de destrucción de Varsovia ya existía antes de recibir ese castigo definitivo por la sublevación de la Resistencia, puesto que el régimen nazi cuestionaba su existencia (al menos como ciudad polaca) desde años atrás. Esto era así porque Hitler aspiraba a recuperar la antigua Prusia, la cuna del imperialismo alemán, que consideraba una parte esencial del Lebensraum (el “espacio vital”) alemán, que, en gran medida, se encontraba incluido en Polonia. Así, la estrategia prevista sería germanizar (“purificar” en terminología nazi) las regiones orientales, para lo cual se desarrollaría el denominado GPO, Generalplan Ost. El objetivo era arrebatar el control de aquellos territorios a “eslavos y judíos”, y eso, desde luego, implicaba una “limpieza” étnica, pero también una transformación de los espacios urbanos.
Plan Pabst para Varsovia en el que se diseñaba una ciudad totalmente nueva tras la pretendida eliminación de la existente.
Con ese fin se elaboró para Varsovia el conocido como Plan Pabst (en referencia a Friedrich Pabst, uno de sus ideólogos, aunque fue desarrollado por los arquitectos Hubert Gross y Otto Nurnberger). Este plan de 1940 era la concreción urbanística del GPO para la ciudad. En él se concebía la desaparición de la capital polaca, que contaba con casi millón y medio de almas, para dar paso a una idílica ciudad alemana nueva y que no debía de contar con más de 130.000 habitantes (Die neue deutsche Stadt Warschau; Varsovia, la Nueva Ciudad alemana). Esas intenciones ocultas emergieron con fuerza tras la sublevación de la población en 1944, y Hitler ordenó la destrucción total de la ciudad.
Cuando los rusos liberaron Varsovia encontraron una ciudad en ruinas, el 85% de sus edificaciones estaban arrasadas. La derrota de los nazis hizo olvidar los delirios hitlerianos y se comenzó a pensar en la necesaria recuperación de la abatida capital polaca: habría que levantarla de nuevo, restañar las heridas e insuflar vida a aquel gran solar devastado.
Comparación de la Plaza Krasińskich, destrozada tras la guerra y su estado actual con la reconstrucción de alguno de sus edificios (particularmente el Palacio Krasińskich o la Catedral del Ejército Polaco, Katedra polowa Wojska Polskiego)
Pero, entonces surgieron dos posiciones enfrentadas acerca de la manera de abordar la reconstrucción: recuperar el estado anterior o proponer un nuevo orden, un debate bastante habitual en situaciones similares. Por ejemplo, cuando Londres sufrió el pavoroso incendio de 1666 hubo muchas personas (entre ellas el propio rey) que vieron una interesante oportunidad para la capital británica: sobre aquel antiguo solar urbano, denso, insalubre e ineficaz, podía renacer una nueva ciudad diseñada con nuevos criterios urbanísticos. Entonces, se convocó un concurso para reestructurar la City, pero las propuestas acabarían siendo desestimadas porque los dueños del suelo no estaban dispuestos a reorganizar sus propiedades. Todavía no existían los instrumentos administrativos de reparcelación o de compensación que surgirían a partir del siglo XIX y nadie estaba dispuesto a ceder terreno. En consecuencia, Londres, se reconstruyó manteniendo en lo esencial el trazado anterior al incendio (con algunos leves retoques). El caso londinense es solo un ejemplo de las numerosas muestras de cómo la poderosa propiedad se impone a las voluntades reformistas.
Varsovia, capital de una república que había abrazado el “comunismo” tuvo una ventaja sobre lo ocurrido en Londres: el suelo fue nacionalizado. El territorio de la ciudad pasó a pertenecer a la comunidad (expropiado sin ninguna compensación) y, por lo tanto, dejó de haber propietarios que pudieran presionar (además, muchos de ellos habían muerto en la contienda). Con esa medida, no habría especulación ni intentos de favor, liberando a la planificación urbana de uno de sus principales condicionantes. Los diseñadores urbanos podrían transformar la ciudad con una gran independencia.
Pero, aunque la ciudad aparecía como una hoja en blanco, la memoria no desapareció del todo. Algunos edificios notables, que habían logrado sobrevivir, fijaron algunos puntos en la gran remodelación urbana de la ciudad, Desde luego, el recuerdo de Varsovia permanecía en el pueblo polaco superviviente, que deseaba recuperar, en la medida de lo posible su identidad. Reestablecer símbolos anteriores a la guerra, era, en cierto modo, una catarsis para olvidar las terribles desgracias que habían padecido. Volver a vivir en la Varsovia de siempre permitiría recomponer las maltrechas mentes de los ciudadanos y permitiría situar el conflicto entre paréntesis, aunque solo fuera una ilusión para poder salir adelante. Pero no era posible obviar lo ocurrido, ni tampoco la diferente realidad que se estaba abriendo dentro de la órbita socialista soviética. En consecuencia, Varsovia y otras muchas ciudades polacas (sobre todo por la reestructuración de fronteras políticas) sufrirían “identidades variables”.
Tres imágenes que reflejan la evolución del centro de Varsovia. Arriba, en 1935. En el centro en 1944 tras la destrucción de la ciudad. Debajo, ortofoto actual.
De esta forma, la nueva Varsovia se debatiría entre la fidelidad al pasado y la apuesta por un futuro diferente. La financiación procedió en buena parte de la Unión Soviética, pero también se contó con el apoyo de las comunidades polacas en el extranjero. En líneas generales, el dinero ruso impulsaría la ciudad moderna mientras que las aportaciones polacas lo harían con la restauración mimética. En cualquiera caso, el resultado final para Varsovia fue una solución de compromiso entre las dos posturas.

La reconstrucción mimética del centro histórico de Varsovia.
El compromiso con el pasado, con la Varsovia pre-bélica, se concretó en una doble línea. Por un lado, los edificios monumentales (de los que unos pocos habían sobrevivido a duras penas) serían reconstruidos con la mayor fidelidad posible, y por otro, se recuperaría el estado anterior a la guerra del Casco Histórico, es decir, la Ciudad Vieja (Stare Miasto) y la Ciudad Nueva (Nowe Miasto).
Para realizar esta restauración se dispuso de la información existente que mostraba la Varsovia previa a la guerra. Se recopilaron abundantes planos y fotografías para servir de base a los nuevos proyectos replicantes. Incluso se recurrió a pinturas históricas, particularmente a las veintitrés estupendas vedute que Bernardo Bellotto (1721-1780) realizó de la Varsovia Ilustrada de finales del siglo XVIII (Bellotto, sería conocido en tierras polacas y germanas como Canaletto, pero no debe confundirse con el auténtico Giovanni Antonio Canal, “Canaletto”. Bellotto era sobrino del extraordinario pintor del paisaje urbano veneciano, y se apropió del sobrenombre para potenciar su prestigio. La historia de la pintura se refiere a él como Canaletto el Joven).
Las vedute realizadas por Bernardo Bellotto a finales del siglo XVIII fueron tomadas como referencia para la reconstrucción mimética de Varsovia. La ciudad recuerda este hecho colocando en diversos puntos de vista de la capital polaca los cuadros que inspirarían la restauración para poder comparar.
Así renacieron palacios, iglesias y otros edificios dotacionales, particularmente respecto a su imagen urbana, porque si bien se rehicieron volumetrías y fachadas o se escogieron materiales idénticos, el interior de la arquitectura fue menos preciso (entre otras cosas porque se incorporaron técnicas e instalaciones que aquellos edificios históricos no habían tenido nunca).
A la izquierda plano del Centro de Varsovia antes de la Segunda Guerra Mundial y a la derecha el mismo sector tras la reconstrucción. Pueden observarse las diferencias de la supuesta recreación mimética respecto del original (en particular respecto a la recuperación de las murallas).
El pretendido rigor restaurador no fue una máxima absoluta porque la nueva Ciudad Vieja de Varsovia acabaría ofreciendo una mezcla de realidad y fantasía. En algunos casos, la recuperación se dejó llevar por la recreación de imágenes que no se correspondían exactamente con lo preexistente. Algunos edificios fueron “manipulados” para recrear el ambiente de la Varsovia ilustrada y, en otros casos, se restauraron elementos que habían desaparecido, como es el caso de las murallas que envuelven la Ciudad Vieja, que en parte habían sido demolidas y en parte estaban ocultas entre las edificaciones que se habían adosado a ella. Estas viviendas fueron eliminadas en la recreación con el objetivo de potenciar el aspecto “medieval” del casco antiguo. Además, aunque las viviendas replicadas mantuvieron en líneas generales la parcelación anterior, se buscó mejorar la habitabilidad, ampliando los patios interiores o utilizando las tecnologías disponibles en esos años.
El caso de la reconstrucción del edificio que da fachada a la Plaza del Castillo entre las calles Senatorska y Krakowskie Przedmiescie. La imagen de la izquierda es la presentada en una de las vedute de Bernardo Belloto, en el centro la fotografía de su estado real antes de la guerra y a la derecha la reconstrucción. Se observa que la recreación se realizó siguiendo la imagen presentada por Canaletto el Joven en aquella Varsovia Ilustrada en lugar de hacerlo respecto al edificio prebélico, que cuenta con una planta más en el cuerpo central.
Alguien dijo que en Varsovia no hay que buscar arqueología sino historia y por eso la UNESCO reconocería el esfuerzo realizado, distinguiendo en 1980 al núcleo original de la ciudad como Lugar Patrimonio de la Humanidad (la “Ciudad Vieja”, Stare Miasto, que quedaría identificada con recinto delimitado aproximadamente por el gran eje viario que sigue el recorrido del rio Vístula (Wybrzeże Gdańskie) y por las calles Mostowa, Podwale y Grodzka). En la memoria de concesión, la UNESCO explica que “el centro histórico de la capital polaca fue destruido por las tropas hitlerianas en más de un 85% en agosto de 1944, durante la insurrección de sus habitantes contra el ocupante nazi. Después de la guerra, una campaña de reconstrucción de cinco años, llevada a cabo por los propios varsovianos, dio como resultado la restauración meticulosa de sus iglesias y palacios, así como de la plaza del mercado de la ciudad vieja. El sitio es un ejemplo único de reconstrucción prácticamente total del conjunto de un patrimonio arquitectónico histórico de los siglos XIII a XX”.

La planificación soviética de la Varsovia post-bélica.
La proclamación de la República Popular de Polonia en 1945 abrió un futuro diferente para el país y para su capital, que quedarían estrechamente vinculados a la Unión Soviética durante muchos años.
Varsovia era una ruina y como tal tenía todo tipo de problemas. Las necesidades más elementales no estaban cubiertas porque entre otras muchas cosas imprescindibles, las infraestructuras estaban destrozadas y, lógicamente, había un gravísimo déficit de viviendas. Como primera medida urgente, se creó una Oficina para la Reconstrucción de Varsovia desde la que se planificaría la acelerada recuperación de la misma.
Tres imágenes que reflejan la transformación de la trama urbana de Varsovia. Arriba, en 1935 aparece la ciudad compacta. En el centro, en 1944 la ciudad devastada. Debajo, ortofoto actual, apreciándose la reestructuración de calles y el cambio de modelo urbano, que paso de la ciudad compacta a la ciudad abierta propugnada por el racionalismo moderno. En la esquina inferior derecha de la imagen se encuentran las Galerías Comerciales Mirowski (Hale Mirowskie), construidas entre 1899 y 1901 como mercado de pescado, frutas y verduras. Muy afectadas durante el Alzamiento de Varsovia, serían reconstruidas.
De las dos tendencias para la reconstrucción, la que abogaba por una ciudad nueva, veía una oportunidad en la devastación, ya que la tabula rasa permitía una reestructuración casi completa de la estructura urbana y la proposición de arquitecturas más eficientes y adaptadas a los tiempos modernos. Esta será la estrategia dominante que configurará la nueva Varsovia. No obstante, la planificación soviética tendría dos caras que reflejarían dos objetivos diferentes. Por una parte, apremiados por la situación de emergencia, se construirían numerosos edificios de viviendas vinculados a la modernidad del racionalismo con tecnologías novedosas, principalmente apoyadas sistemas de prefabricación. Pero, por otra parte, la ideología impuesta por la Unión Soviética (que financió buena parte de la reconstrucción), exigiría la creación de nuevos iconos urbanos que hicieran olvidar el pasado de Varsovia y crearan una nueva identidad “socialista” para la capital polaca.
La reestructuración de la trama de Varsovia tras la guerra abrió nuevas calles buscando crear una retícula jerarquizada. Comparación de los planos de Varsovia. Arriba en 1939 y debajo en 2010. 
La primera muestra de la nueva Varsovia sería la reestructuración de la trama urbana. La ciudad vería modificada su red de calles adaptándola en la medida de lo posible a una retícula jerarquizada, que modificaría las dinámicas urbanas y definiría nuevos solares para construir. Esto fue posible gracias, como hemos apuntado al principio, a un factor crítico para ello: la nacionalización del suelo.
Las parcelas resultantes recibirían los nuevos edificios de viviendas, construidos siguiendo los postulados del Movimiento Moderno. La consecuencia principal fue la transformación radical de la ciudad. Varsovia dejó de ser una ciudad compacta y se convirtió en una muestra de ciudad abierta y difusa, salpicada por los bloques longitudinales, repetitivos e impersonales que caracterizaron una época de la arquitectura soviética de posguerra. Aunque desde otro punto de vista, esta radical renovación de la trama sería capaz de conjugarse con la integración puntual de edificios históricos que fueron recuperados.
Los bloques de viviendas prefabricados y seriados son uno de los temas característicos de la planificación soviética de la segunda mitad del siglo XX.
Ortofoto actual de Varsovia en la que se parecía el modelo urbano seguido por la planificación soviética con una estructuración urbana jerarquizada, bloques de vivienda autónomos y proliferación de zonas verdes. Una ciudad que seguía el modelo postulado por los CIAM. 
Esos edificios de viviendas prefabricadas constituirían la tónica general de la nueva Varsovia que se levantaría sobre los escombros de la anterior. Pero la modernidad vinculada a la vanguardia racionalista tendría también su expresión en edificios singulares. Por ejemplo, delante del Palacio de la Cultura y la Ciencia, el retrógrado rascacielos “art déco” al que nos referiremos a continuación, se levantarían muestras de un “racionalismo” purista (siguiendo los preceptos establecidos en los CIAM). Así, frente a la Plaza del Desfile, al otro lado de la calle Marszałkowska, se levantaría un gran complejo terciario conocido como “Muro Oriental” (Ściana Wschodnia), llamado así por su carácter de fachada-muralla respecto al gran espacio abierto contiguo. Fue planificado por el arquitecto Zbigniew Karpiński (1906-1983) y su construcción se prolongaría entre los años 1962 y 1969. El conjunto integraría tres rascacielos (obra de Zbigniew Wacławek y Jan Klewin), ocho edificios longitudinales de menor altura y cuatro grandes espacios comerciales (grandes almacenes), además del emblemático edificio circular Rotunda PKO, sede del banco PKO BP (1966, Jerzy Jakubowicz).
Otras obras singulares que siguieron la modernidad serían la Casa del Partido (Dom Partii), la sede del Comité Central del Partido de los Trabajadores Unificado Polaco levantada en la Avenida de Jerusalén (Aleje Jerozolimskie) entre 1948 y 1952 según proyecto de Wacław Kłyszewski, Jerzy Mokrzyński y Eugeniusz Wierzbicki y actualmente reconvertida en el Centro Bancario y Financiero) o las ampliaciones del Parlamento (Sejm), proyectadas por Bohdan Pniewski (1897-1965) a principios de la década de 1950.
En la vertiente simbólica, destacaría, sobre todo, el que se convertiría en el principal emblema de la época: el Palacio de la Cultura y la Ciencia (Pałac Kultury i Nauki, PKiN), un “regalo” del líder soviético Stalin a la capital polaca. El edificio se levantó entre 1952 y 1955, siendo contemporáneo de los rascacielos que se estaban levantando en Moscú (las “Siete Hermanas”) y que eran su modelo (particularmente el de la Universidad de Moscú). El colosal edificio, representante del denominado “gótico estalinista”, era una nueva muestra de las contradicciones internas que estaba sufriendo el mundo cultural y artístico soviético. Diseñado por el arquitecto ruso Lev Rudnev (1885-1956) sería, con sus 237 metros, el edificio más alto de Polonia hasta 2012, cuando sería superado por la Sky Tower de Wrocław (ese mismo año la construcción del rascacielos Złota 44 lo relegaría también a la segunda posición en la capital). El inmenso solar que se habilitó para la construcción de la gran torre se completaría con la urbanización de la gigantesca Plaza del Desfile (Plac Defilad, un rectángulo de unos 600 por 400 metros)
El Palacio de la Cultura y la Ciencia es el gran icono de la Varsovia soviética. En la foto inferior se aprecia la extensa Plaza del Desfile y, enfrente, el moderno “Muro Oriental”.
En la misma línea estilística se levantaría otra de las actuaciones representativas de la Varsovia soviética. En este caso, sería un conjunto urbano: el barrio residencial Marszałkowska (Marszałkowska Dzielnica Mieszkaniowa) que sería dirigido sucesivamente por los arquitectos Józef Sigalin (1909–1983) y Stanisław Jankowski (1911-2002). Fue el otro emblema de la arquitectura estalinista, desarrollada entre 1950 y 1952 en el entorno de la Plaza de la Constitución (Plac Konstytucji). El conjunto consta de varios edificios clasicistas monumentales, con siete plantas, fachadas de piedra, ornamentaciones escultóricas (muchas de ellas referidas a escenas de la vida obrera cotidiana), y pórticos frecuentes (recursos que fueron también utilizados en alguna otra ciudad nueva de inspiración soviética “clasicista”, como Nowa Huta en Cracovia). El barrio conservó un edificio de la etapa prebélica: la Iglesia Católica del Redentor (Kościół Najświętszego Zbawiciela, diseñada a principios del siglo XX por Józef Pius Dziekoński y reconstruida tras ser dañada en la guerra) en la plaza Zbawiciela.

Espacios híbridos (el ejemplo de la Plac Bankowy)
Las dos tendencias sobre la reconstrucción de Varsovia tomaron forma simultánea en la ciudad, pero más allá de los diversos casos homogéneos comentados anteriormente, la capital polaca ofrece muchos espacios híbridos en los que la arquitectura histórica recuperada comparte escenario con edificios “modernos” de más o menos interés.
Realmente, todas las ciudades ofrecen esta mezcla estilística debida a los procesos de paulatina renovación urbana, pero el caso de Varsovia es especial porque lo “histórico” y lo “moderno” se fueron construyendo a la vez. Son muchos los ejemplos, uno de los más significativos, por la importancia que tuvo en la ciudad, es la Plac Bankowy.
Evolución de la Plac Bankowy. Arriba cuadro pintado en 1833 por Wincenty Kasprzycki. En el centro imagen de 1939 y debajo imagen actual de Google Earth.
Esta plaza se formalizó a principios del siglo XIX basada en un trazado triangular, con monumentales palacios en el lado occidental y elegantes edificios residenciales en el oriental. Pronto se convertiría en uno de los centros neurálgicos de la ciudad prebélica, pero la plaza, como el resto de la ciudad, fue arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. Tras el conflicto se tomaría la decisión de recuperarla, pero con modificaciones muy sustanciales.
Primero porque la plaza se reconfiguró como un rectángulo (apoyándose en la alineación de los palacios y siguiendo la reestructuración general de la trama urbana de la ciudad) y después porque mientras que los grandes edificios occidentales fueron restaurados, la fachada este (obligada por el cambio de base formal) sería totalmente nueva.
Comparación de la Plac Bankowy entre 1935 y el estado actual. La plaza pasó de ser triangular (línea roja) a rectangular (línea amarilla). El sombreado rojo indica la ubicación de la Gran Sinagoga cuyo solar está ocupado ahora por el rascacielos llamado Torre Azul. (el círculo amarillo señala la cúpula del edificio del Banco de Polonia y la Bolsa).
En el referido lado occidental se habían construido, en 1825, diversos edificios monumentales diseñados por Antonio Corazzi (1792-1877): el Palacio del Tesoro (Komisji Rządowej Przychodów i Skarbu), el Palacio del Ministerio de Hacienda (Pałac Ministra Skarbu), el edificio del Banco de Polonia y la Bolsa de Valores (Banku Polskiego i Giełdy). Estos edificios, muy dañados durante la guerra, fueron reconstruidos en la década de 1950. En la actualidad, los dos primeros mantienen, en cierto modo, el uso administrativo original y albergan el Ayuntamiento de Varsovia, mientras que los económicos han cambiado su destino y están ocupados por el Museo de Arte Juan Pablo II (Muzeum Kolekcji im. Jana Pawła II). Esta fachada es la representante de la reconstrucción mimética de la plaza.
Imágenes de la Plac Bankowy. A la izquierda fotografías del año 1900 y a la derecha estado actual tras las reconstrucciones. Arriba, palacio del Ministerio de Hacienda y debajo edificio del Banco de Polonia y la Bolsa.
Por otra parte, el lado oriental sería totalmente renovado. Antes de la devastadora guerra (entre 1875 y 1878), se había construido, junto al vértice norte de la plaza, pero sin contacto directo con ella, la Gran Sinagoga que reforzaría la centralidad del lugar. La sinagoga sería destruida en la guerra (los nazis la volaron) y ya no sería recuperada. En su solar se construiría la Torre Azul (Błękitny Wieżowiec), un rascacielos concebido en 1961 con 80 metros de altura que tuvo múltiples interrupciones en su construcción. En 1976 fue revisado el proyecto aumentando la altura a 100 metros, aunque volvió a paralizarse y no fue retomado hasta 1986 (la conclusión llegaría en 1991). Este rascacielos, y el gran edificio de viviendas que lo acompaña en esa fachada, son los referentes de la modernidad prosoviética en ese lugar.
La Gran Sinagoga de Varsovia (izquierda) fue volada por los nazis y en su solar se acabaría levantando el rascacielos conocido como Torre Azul, que da fachada a la Plac Bankowy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

urban.networks.blog@gmail.com