14 may. 2017

El “urbicidio” de Varsovia y la reconstrucción de la ciudad: entre la mímesis histórica y la “modernidad” soviética (1).

La devastación de Varsovia enfrentó dos estrategias extremas para su reconstrucción: la mímesis (arriba, Ciudad Vieja, antes y después del ”urbicidio” de la Segunda Guerra Mundial) o la sustitución por una ciudad “moderna” soviética (debajo, reestructuración de la ciudad, en la imagen solo permanece el edificio de los Tribunales que había sido inaugurado en 1938).
Urbicidio es una palabra no oficial que propone aplicar a la ciudad lo que el término genocidio expresa respecto de los grupos humanos. Así, vendría a significar una destrucción urbana que no ha sido producida por catástrofes naturales, sino por acciones humanas intencionadas, dirigidas a castigar a la población, a eliminar su cultura, a hacer desaparecer su espacio vital, que es uno de los principales rasgos identitarios para una comunidad.
Vamos a aproximarnos a un urbicidio de gran significación histórica: la devastación de Varsovia dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial. Tras el desastre, la reconstrucción generó un intenso debate, enfrentando dos posturas radicalmente diferentes, que basculaban entre la mímesis y la planificación “moderna” siguiendo el modelo soviético.
El artículo consta de dos partes. En la primera nos aproximamos a la Varsovia histórica, a la ciudad previa a la Segunda Guerra Mundial. En la segunda, profundizaremos en su peculiar reconstrucción que mostraría las dos tendencias extremas.

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El diccionario define la palabra genocidio como “exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”, y, desgraciadamente, esas aniquilaciones deliberadas siguen teniendo presencia en nuestro tiempo. Hay otra palabra con un sentido similar pero orientada hacia lo urbano, aunque no está reconocida oficialmente. Se trata del término urbicidio, que vendría a significar la destrucción intencionada de una ciudad con el objetivo de castigar a su población, de eliminar su cultura, de hacer desaparecer su espacio vital, que es uno de los principales rasgos identitarios para una comunidad. Así pues, la destrucción no es producto de una catástrofe natural, sino que está originada por la acción humana que persigue la liquidación total de estructuras, símbolos, y también de personas.
Hay demasiados ejemplos de esa “tabula rasa” urbana, pero vamos a aproximarnos a uno de gran significación histórica: la destrucción de Varsovia dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial. Polonia, cuya invasión está en el origen del conflicto, sufrió con especial intensidad la violencia del régimen nazi, expresada particularmente en las graves consecuencias que tuvo para Varsovia, su capital.
Son muchos los autores que se han referido a la devastación de Varsovia como un urbicidio. Tras la guerra, la ruina de la capital polaca propició un intenso debate sobre el carácter de su reconstrucción. Hubo dos posturas enfrentadas que marcaron el debate y, finalmente, Varsovia se levantaría con manifestaciones de ambas: una parte sería objeto de una reconstrucción mimética, recuperando la ciudad de antes de la guerra según los planos, las fotografías y también pinturas históricas que reflejaban la ciudad prebélica; pero otra parte, sería edificada olvidando el pasado y siguiendo los postulados de la “ciudad moderna” propugnados por los CIAM, aunque en versión soviética.

Apunte sobre la Varsovia histórica (previa a la Segunda Guerra Mundial).
El Vístula (Wisła) es uno de los grandes ríos de la Europa Septentrional. Nace en la ladera septentrional de la cordillera de los Cárpatos y emprende un recorrido hacia el este que va curvándose gradualmente hasta orientarse en dirección oeste, para, posteriormente, dirigirse hacia el norte, desembocando en el Mar Báltico. Su curso se convirtió en el gran eje del territorio de los pueblos eslavos occidentales (unos pueblos que, con el tiempo, acabarían integrándose para formar Polonia).
En su tramo medio, el Vístula atravesaba una región bien definida geográficamente: por el norte y sur, quedaba delimitada por sendas cadenas de colinas, mientras que, por el este y el oeste, estaba separada del exterior por zonas pantanosas. El interior era una meseta llana que se veía partida por el cauce fluvial. En el centro de este entorno, que con el tiempo se convertiría en el Ducado de Mazovia, surgieron varios asentamientos junto al rio.
Cuenca del rio Vístula, el eje vertebrador del territorio de los eslavos occidentales.
Uno de esos núcleos urbanos sería Varsovia, una ciudad surgida a partir de la construcción de un modesto castillo a finales del siglo XIII. Su objetivo era controlar el tráfico fluvial del Vístula y el sitio escogido fue una zona elevada junto a la desembocadura del entonces afluente rio Kamionki. Varsovia superando a los núcleos de su entorno por la decisión del duque de Mazovia, Janusz I “el viejo” (Janusz I Starszy), que fijaría en ella su residencia en 1413. El duque remodelaría el antiguo castillo para convertirlo en Corte ducal. El Castillo de Varsovia (Zamek Królewski), con el tiempo, se convertiría en el Palacio Real, al albergar a los monarcas polacos. El gran edificio disponía de una extensa plaza previa, la Plaza del Castillo (plac Zamkowy) que lo separaba del núcleo urbano que había ido consolidándose al noroeste. Aquel municipio tuvo como centro de actividad la Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta, que sería reformada en 1701 por el arquitecto Tylman van Gameren) y como edificios más notables la Catedral de San Juan Bautista (Archikatedralna św. Jana Chrzciciela) y el Ayuntamiento (edificio que fue demolido en 1817 al trasladar el consistorio fuera del casco antiguo).
Vista aérea de la Ciudad Vieja (Stare Miasto) de Varsovia, con el Castillo en primer término. Al, fondo en continuidad la Ciudad Nueva (Nowe Miasto).
La plaza del Castillo (arriba) y la plaza del Mercado de la Ciudad Vieja (debajo) antes de la Segunda Guerra Mundial.
Varsovia contaba con una delimitación de protección realizada con terraplenes que envolvían a la ciudad y al castillo, pero tras adquirir su rango como capital ducal vería reforzada su seguridad con una primera muralla de ladrillo que, en realidad, fue un muro doble. En ella destacaría su gran Barbacana de acceso por el norte (Barbakan, construida hacia 1548), que actualmente puede ser admirada (al igual que la mayor parte de las murallas), gracias a la reconstrucción efectuada en la década de 1950.
Murallas y Barbacana de Varsovia.
Desde el momento en el que Varsovia emergió como ciudad principal de su entorno, se convirtió en un lugar atractivo para la inmigración que llegaba de muchas partes para establecerse en la ciudad. Así, hacia el siglo XIV comenzó a surgir un arrabal exterior al norte del núcleo original. Esta expansión acabaría adquiriendo una notable relevancia, que sería reconocida en 1408 cuando Janusz I le otorgó el estatuto de ciudad independiente. Así nació la Ciudad Nueva (Nowe Miasto) de Varsovia. También este nuevo núcleo gravitaría en torno a su Plaza del Mercado, junto a la que se levantarían el Ayuntamiento y la iglesia de Santa María.
Delimitación sobre un plano actual de los núcleos antiguos de Varsovia: Ciudad Vieja (Stare Miasto) y Ciudad Nueva (Nowe Miasto).
El devenir de Varsovia estuvo asociado al del reino polaco que había surgido en el siglo XI bajo el liderazgo de la dinastía Piast. A principios del siglo XI, estos monarcas lograron unificar los diferentes ducados eslavos bajo el predomino del Ducado de Polonia, creando entonces un estado medieval cristiano, Polonia, cuya capital se estableció en Cracovia. Un siglo después, en 1138, en virtud del testamento del fallecido rey de Polonia, Boleslao III “boca torcida” (Bolesław III Krzywousty), el reino fue repartido entre sus hijos. El primogénito, Vladislao II el Desterrado (Władysław II Wygnaniec), heredó el Ducado de Polonia. Otro de los hijos, recibió el Ducado de Mazovia y, aunque en 1351 se convirtió en vasallo del de Polonia, esta asociación no impidió su funcionamiento autónomo (que perduraría hasta la reintegración definitiva en 1526). En 1569, las circunstancias forzaron un cambio de dinastía (comenzaría la Jagellón, de origen lituano) y, en consecuencia, se produjo una reorientación política ya que el reino de Polonia uniría sus destinos con el Ducado de Lituania, forjando uno de los estados más poderosos de la época (esta confederación lituano-polaca, firmada en Lublin, se denominaría República de las Dos Naciones, aunque era una monarquía electiva). Otra consecuencia sería que, en 1595, el rey Segismundo III trasladaría la capital del reino desde Cracovia hasta Varsovia. De esta manera, la ciudad se convertía en la cabeza de un extenso territorio.
Arriba el primer recinto amurallado de la Ciudad Vieja de Varsovia (el norte está a la izquierda). Debajo la segunda muralla “Muro Zygmuntowski” (Wał Zygmuntowski), la semicircular que amplió considerablemente la superficie urbana (1. Castillo; 2. Arsenal)
Desde entonces comenzaría a dotarse de los símbolos y edificios propios de la capital de un gran estado. Entre 1621 y 1624 se levantó un nuevo muro para proteger la ciudad: el denominado Muro Zygmuntowski (Wał Zygmuntowski). Su trazado era semicircular, con base diametral en el río Vístula y centro aproximado en la Ciudad Antigua, incluyendo una superficie aproximada de 125 hectáreas. Estos nuevos límites incluían la Ciudad Antigua y la Ciudad Nueva, así como los suburbios que habían ido surgiendo hacia el oeste y el sur de ambas. Este muro tuvo que cumplir su misión defensiva en 1656 frente el ataque de los suecos (el conocido como “Diluvio sueco”, Potop Szwedzki, dentro de la Segunda Guerra del Norte). Como consecuencia de la batalla, las murallas quedaron muy dañadas y no fueron reconstruidas. Su desaparición haría que no se conozca con precisión su trazado.
Tras superar los conflictos con el imperio sueco, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, Polonia conocería periodos de gran esplendor. Varsovia iría adquiriendo, definitivamente, el estatus de gran capital, gracias principalmente al levantamiento de numerosos edificios monumentales, como palacios o iglesias, y de imponentes espacios urbanos, como plazas o jardines, que proporcionarían la imagen de una suntuosa ciudad barroca.
Las residencias aristocráticas que fueron levantadas por las familias que deseaban acercarse a la Corte irían surgiendo por el sur, hilvanándose en la denominada Ruta Real (Trakt Królewski), un camino de unos 10 kilómetros que partía de la Plaza del Castillo y era utilizado por los monarcas para trasladarse desde su residencia oficial hacia el Palacio de Wilanów (Pałac Wilanowski, el conocido como “Versalles polaco” iniciado en 1677, en tiempos del rey Juan III Sobieski, Jan III Sobieski). El recorrido sigue las actuales Krakowskie Przedmieście, Nowy Świat, Plac Trzech Krzyży (plaza de las Tres Cruces), Aleje Ujazdowskie, Ulica Belwederska, Ulica Jana III Sobieskiego y Aleje Wilanowska.
En su entorno se irían construyendo grandes edificios. Por ejemplo, el Palacio Łazienki (Pałac Łazienkowski), ubicado en una Isla del Parque del mismo nombre, Park Łazienkowski, hoy el parque público más grande de Varsovia. Este palacio fue construido, en 1683, como Casa de Baños y reconvertido en residencia real veraniega entre 1764 y 1795. También son reseñables el Palacio Presidencial (Pałac Prezydencki o Pałac Koniecpolskich, 1643), el Palacio Belwederski (Pałac Belwederski, 1660), o el Castillo de los Ostrogski (Zamek Ostrogskich, 1681, actual Museo Chopin). También, el Palacio Sajón (hoy desaparecido), que se convirtió en residencia real de los dos miembros de la dinastía sajona que gobernó Polonia desde 1697. Se localizaba junto a la actual Plaza Piłsudski (Plac marsz. Józefa Piłsudskiego), una de las más grandes de la ciudad que entonces era conocida como Plaza Sajona y ejercía de antesala al palacio. Complementariamente, a finales del siglo XVII se creó el denominado Jardín Sajón (Ogród Saski) como jardines reales que se convirtieron en el parque más antiguo de la ciudad, al ser abierto al público en 1727 (fue uno de los primeros del mundo que lo hizo). El palacio y los jardines fueron el origen del denominado “eje sajón”.
Palacios de Varsovia, de arriba abajo: Palacio Krasinskich, Palacio Wilanow, Palacio Presidencial y Palacio Lazienski.
Fuera de la Ruta Real, también se construirían conjuntos relevantes, como el Palacio de los Krasiński (Pałac Krasińskich, 1677-1695), el Palacio Jabłonowski (Pałac Jabłonowski, construido entre 1773 y 1785 y que sirvió de Ayuntamiento de la ciudad desde 1819 hasta 1939, siendo destruido en la guerra y reconstruido en la década de 1990) o la plaza del Banco (Plac Bankowy) y sus edificios institucionales (antiguos Banco Nacional o la Bolsa).
También irían surgiendo Iglesias como la de los Carmelitas (Kościół Karmelitów, construida entre 1661 y 1681 según el proyecto de Jan Szymon Belotti, y que recibiría su característica fachada neoclásica entre 1761 y 1783, diseñada por Efraim Szreger), o la Iglesia Evangélica de la Confesión de Augsburgo de la Santísima Trinidad (Kościół Ewangelicko-Augsburski Świętej Trójcy, construida entre 1777 y 1782) en la plaza Małachowskiego.
El último rey de la Polonia fue Estanislao II Poniatowski que llegó al poder en 1764, e impulsaría la Ilustración polaca, convirtiendo a Varsovia en el centro cultural y económico, además de político, de la nación. Varsovia creció considerablemente, pasando de los 24.000 habitantes de 1754 a los 115.000 de 1792.
Plano con el conjunto de recintos históricos de Varsovia.
A finales del siglo XVIII se produciría una nueva delimitación para la ciudad con la creación del denominado “Muro Lubomirski” (Okopy Lubomirskiego). El nuevo recinto resultante, formado por terraplenes, amplió de forma extraordinaria el espacio de la ciudad, hasta el punto de que Varsovia no superó esos límites hasta 1916. También incorporó el núcleo que había surgido en la orilla derecha del Vístula, Praga, un arrabal del que se tiene noticia desde 1432 y que alcanzó el rango de municipio independiente en 1648, aunque perdería su autonomía en 1791 con la anexión a Varsovia. El propósito de la nueva cerca, no fue defensivo sino sanitario (como protección frente a las epidemias de la época, sobre todo de peste). No obstante, parece que también hubo un motivo fiscal que buscó controlar el flujo de mercancías y personas que accedían a la ciudad (de hecho, en 1825, sus accesos fueron renovados reforzando ese carácter aduanero). El muro tuvo 12,8 kilómetros de perímetro en la orilla izquierda, delimitando 1.450 hectáreas, y siete puertas (Czerniakowskie, Belwederskie, Mokotowskie, Jerozolimskie, Wolskie, Powązkowskie y Marymonckie). En la orilla derecha, con 3 kilómetros y cuatro puertas (Grochowskie, Ząbkowskie, Golędzinowskie y Wileńskie) abarcó 165 hectáreas
Varsovia en 1831. La línea roja define el “Muro Lubomirski” (Okopy Lubomirskiego).
Pero entre 1791 y 1795, se produjeron las tres Particiones de Polonia (que fue repartida entre Rusia, Prusia y Austria) y la grave consecuencia de ello fue la desaparición de Polonia como Estado (y la degradación de su capital, que pasaría a ser una ciudad secundaria dentro del Reino de Prusia).
No obstante, el siglo XIX comenzó con una cierta esperanza ya que los franceses expulsaron a rusos, austriacos y prusianos de buena parte de los territorios de la antigua Polonia. Entonces, Napoleón creó el Gran Ducado de Varsovia, que funcionaría como un estado satélite de la Francia bonapartista, una decisión que fue bien recibida por los polacos, ya que aspiraban a que supusiera un primer paso para recuperar su autonomía. Pero esta ilusión sería efímera ya que, tras la caída del emperador en 1815, el Congreso de Viena creó la conocida como Polonia del Congreso, un nuevo estado que quedaría subordinado a Rusia. El descontento del pueblo polaco animó a su sublevación en 1830, pero sería derrotado por el ejército ruso, agravándose la situación, porque Polonia vería anuladas todas sus instituciones propias y quedaría integrada a todos los efectos dentro del Imperio ruso.
Aunque la autonomía de Varsovia desapareció, la ciudad (como todo el país) tuvo un importante crecimiento económico, sobre todo gracias al empuje de las industrias textiles y metalúrgicas. A mediados del siglo, la ciudad fue dotándose de infraestructuras urbanas esenciales, como el abastecimiento de agua (instalado entre 1851 y 1855), la iluminación urbana (con gas) o el transporte público (tirado por caballos). En 1848 entró en servicio la primera línea ferroviaria que unía Varsovia con Viena (556 kilómetros) que supuso un fuerte impulso comercial para la capital polaca. La primera estación de tren, hoy desaparecida, se construyó en la avenida de Jerusalén (Aleje Jerozolimskie) y convirtió esa calle en uno de los ejes principales de la ciudad (su ubicación estuvo cercana a la actual Estación Central, casi en frente de la gran torre del Palacio de la Cultura y la Ciencia estaliniano).
Varsovia en 1890, con el trazado de las líneas ferroviarias.
También se levantaron imponentes edificios clasicistas como el Gran Teatro de Varsovia (Teatr Wielki, en 1833, proyecto de Antonio Corazzi, restaurado en 1965); o la iglesia de San Alejandro (kościół św. Aleksandra diseñada por Chrystian Piotr Aigner entre 1818 y 1825). A finales del siglo, surgieron nuevos equipamientos vitales para la ciudad como Mercado de pescado, frutas y verduras construido entre 1899 y 1901 (hoy reconvertido, tras su restauración en las Galerías Comerciales Mirowski, Hale Mirowskie).
Los dos grandes edificios de la Plaza del Teatro: arriba el Palacio Jabłonowskich y, debajo, el Gran Teatro
La Polonia del Congreso (también conocida como el Zarato de Polonia o Polonia Rusa) perduró hasta 1915, cuando, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, el dominio ruso fue sustituido por el control alemán. No obstante, la derrota germana en la Gran Guerra propiciaría la proclamación de la Segunda República Polaca en 1918. La recuperada independencia propulsaría a Varsovia que alcanzaría en 1925 el millón de habitantes y lograría resistir la Gran Depresión de la década de 1930 gracias al desarrollo de nuevas industrias como la del automóvil o la aeronáutica.
Pero, nuevamente, los alemanes pondrían fin a ese periodo de independencia cuando en septiembre de 1939 invadieron Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial (esta circunstancia sería aprovechada por los rusos para invadir los territorios orientales de Polonia, regiones que se perderían definitivamente y que hoy forman parte de Bielorrusia y Ucrania).
Varsovia padecería de manera dramática las consecuencias de la guerra. Uno de los hechos más traumáticos para la ciudad fue la creación del Gueto de Varsovia, una ciudad dentro de la ciudad, encerrada tras un muro, donde fue confinada la población judía desde finales de 1940. El gueto era un lugar de transición para la población que iba siendo trasladada paulatinamente hacia su destino final: los campos de exterminio (particularmente el de Treblinka). Los tres años que duró el gueto vivieron en él unas 400.000 personas, hacinadas y en condiciones infrahumanas. Las enfermedades y las deportaciones redujeron esa cifra a 50.000 personas en el momento de su levantamiento en mayo de 1943. Entonces, los judíos, que habían conseguido armarse, se rebelaron contra los ocupantes en una serie de violentas acciones que acarrearían la destrucción de buena parte del gueto, aunque no lograrían que los nazis abandonaran la ciudad.
Planos del Gueto de Varsovia. Arriba delimitación sobre la Varsovia de 1940 y debajo el límite sobre la Varsovia actual. Como referencia puede servir la “grieta” central, ubicada frente al Jardín Sajón (Ogród Saski). En ella se encuentran las Galerías Comerciales Mirowski (Hale Mirowskie), construidas entre 1899 y 1901 como mercado de pescado, frutas y verduras. Muy afectadas durante el Alzamiento de Varsovia, serían reconstruidas. Por el sur el límite llega hasta el actual Palacio de la Cultura y la Ciencia. Puede apreciarse el cambio de la estructura urbana.
Esto comenzaría a conseguirse durante el verano del año siguiente, cuando se produjo el Alzamiento de Varsovia contra el ejército alemán. La resistencia iniciaría una rebelión civil que, aunque no alcanzaría sus objetivos, socavaría los cimientos del control germano. Los rusos liberarían la ciudad en enero de 1945, aunque la encontraron totalmente en ruinas. Como consecuencia del levantamiento se calcula que 250.000 ciudadanos de Varsovia perdieron la vida (la mayoría ejecutados) y el 85% de la ciudad fue devastada en una operación de destrucción sistemática seguida por los nazis (un auténtico urbicidio). En 1941, Varsovia contaba con 1.350.000 habitantes. En 1944, la población se redujo a 162.000. Sobran las palabras.
El 1 de febrero de 1945 se proclamaría la República Popular de Polonia, un estado que quedaría integrado en la órbita soviética y marcaría un nuevo rumbo para el país y para su capital. Varsovia comenzaría su reconstrucción, aunque no recuperaría su techo demográfico hasta la década de 1970 (en la actualidad la ciudad supera la cifra de 1.700.000 habitantes).
El Palacio Lubomirski ha sufrido muchos avatares en su historia. Arriba, su aspecto barroco cuando fue pintado por Bernardo Bellotto en 1779. En el centro, prácticamente desde el mismo punto de vista que la imagen anterior, el palacio frente al gueto de Varsovia. La fotografía es de 1941 y el ya deteriorado palacio muestra la fachada que adquirió en 1793 cuando se realizó la reforma neoclásica de la misma. El edificio destruido en la Segunda Guerra Mundial, fue restaurado en 1950 y una vez terminado, en 1970, se decidió girarlo con un sofisticado sistema para que ejerciera de remate del “Eje Sajón”. La imagen inferior es la maqueta existente en el parque dedicado a edificaciones en miniatura de Varsovia (Park Miniatur Województwa Mazowieckiego) donde se muestra cómo se rotó el edificio 74 grados.


(El artículo continuará, en su segunda parte, profundizando en el urbicidio que padeció la ciudad y en su peculiar reconstrucción, que buscó conjugar la reconstrucción mimética con la “modernidad”, planificada según el modelo soviético).

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