14 ene. 2017

Nueva Guatemala, la racionalidad ilustrada de la colonización española.

Nueva Guatemala sería planteada siguiendo los ideales ilustrados de orden y racionalidad característicos del siglo de las luces (Luis Díez Navarro, 1776)
En 1492, España descubrió un continente desconocido para los europeos (América) y se lanzó a su conquista. Esa empresa le permitió forjar el Imperio Español durante el siglo XVI. La metrópoli colonizaría y reorganizaría aquellas ignotas tierras transatlánticas apoyándose en las numerosas ciudades que serían construidas para ello.
En el siglo XVIII, las principales urbes coloniales estaban ya en marcha, pero a finales de la centuria, los frecuentes seísmos sufridos por la sede de la Capitanía General de Guatemala (Santiago de los Caballeros de Guatemala, hoy más conocida como Antigua Guatemala) recomendaron su traslado, buscando un nuevo lugar, más seguro, donde refundarla.
En 1776, se trazó el primer plano de esa nueva ciudad que sería planteada siguiendo los ideales ilustrados de orden y racionalidad, característicos del siglo de las luces. Así, recogiendo la experiencia secular en planificación urbana e incorporando algunas novedades (aunque no todas se llevarían a la práctica) surgiría Nueva Guatemala, el proyecto más destacado de la última hornada de ciudades coloniales españolas.

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La creación del Virreinato de Nueva España y la Capitanía General de Guatemala.
La isla de Cuba fue el centro de operaciones desde el que partieron las expediciones españolas a “tierra firme”. En 1517 se arribaría a la costa de Yucatán y a la región de Tabasco, contactando desde allí con el Imperio Azteca que dominaba Centro América en aquella época.
En 1519, partiría hacia esos nuevos territorios Hernán Cortés, quien lideraría la conquista que acabaría con los aztecas, tomando Tenochtitlán, su capital, en 1521.
Al año siguiente, Cortés sería nombrado gobernador de aquella región que fue bautizada como “Nueva España”. Al igual que sucedería poco después con el Imperio Inca sudamericano, los españoles aprovecharían buena parte de la estructura azteca para fundamentar sobre ella su organización política y territorial. Como consecuencia, el Imperio Español transatlántico se constituyó inicialmente con dos grandes virreinatos: el Virreinato de Nueva España, con capital en Ciudad de México y el Virreinato del Perú, con centro en Lima.
Mapa del Virreinato de Nueva España en 1716.
Desde el principio, el gobernador Cortés se lanzaría a ampliar sus dominios, tanto por el norte como por el sur. Por eso la extensión de Nueva España iría modificándose conforme se avanzaba en la conquista. Una de esas expediciones iría al mando del adelantado Pedro de Alvarado y tomó rumbo, en 1524, hacia el sureste del istmo continental con el objetivo de controlar la región maya (aunque la conquista definitiva de aquellos territorios se realizó tanto desde Nueva España como desde Panamá, que pertenecía al Virreinato del Perú). Finalmente, las tierras que iban desde Yucatán hasta Panamá serían integradas en la Capitanía General de Guatemala, creada en 1542 y que también sería conocida como Reino de Guatemala (indebidamente, porque nunca tuvo un rey).
Esta Capitanía, aunque oficialmente se encontraba integrada dentro del Virreinato de Nueva España (y por eso dependiendo teóricamente del virrey), dispuso de una gran libertad operativa. Esta fue, desde luego, militar, porque las decisiones en ese ámbito dependían directamente del Capitán General. Además, el hecho de contar, desde 1549, con tribunales de justicia propios (Real Audiencia de Guatemala o Real Audiencia de los Confines de Guatemala y Nicaragua), que no dependían del virrey (como sucedía con otras Audiencias), sino directamente del Consejo de Indias, le proporcionaría una gran autonomía, incluso política (en la práctica los tres grandes cargos del poder institucional, Capitán General, Gobernador y Presidente de la Audiencia fueron ostentados por la misma persona en muchas ocasiones). Otro dato que apunta en la misma línea es que la Capitanía acabaría acuñando moneda propia.
El territorio de la Capitanía General de Guatemala se estructuró en gobernaciones y corregimientos que presentarían diferentes distribuciones a lo largo del tiempo. Su ordenación final surgiría en 1812, con la Constitución aprobada en las Cortes de Cádiz, que organizó políticamente el territorio en dos provincias: Guatemala (que incluía las regiones de Chiapas, Guatemala, San Salvador y Comayagua) y la provincia de Nicaragua y Costa Rica. Aunque la abolición de esa Constitución en 1814 anularía esa separación, la restitución de la Carta Magna en 1820 permitiría su restablecimiento. No obstante, en 1821 la provincia de Guatemala sería segregaría en cuatro: Ciudad Real de Chiapas, Guatemala, San Salvador, Comayagua (Honduras).
Distribución territorial de la Capitanía General de Guatemala.
Apéndice poscolonial
Ese mismo año 1821, sería proclamada la independencia de Nueva España, originándose la Regencia del Imperio de México, presidida por Agustín de Iturbide. Las provincias de la Capitanía General de Guatemala colonial se adhirieron inicialmente a la Regencia (las seis, porque ese mismo año 1821, tras la conseguir la independencia, Nicaragua y Costa Rica se constituyeron como provincias diferentes). En 1822, Iturbide fue coronado emperador con el nombre de Agustín I, pero su reinado sería muy breve, siendo obligado a abdicar en 1823, fecha en la que se proclamaría la República de México. Entonces, las provincias centroamericanas se separaron de la matriz (salvo Chiapas que continuaría integrada en la nueva república mexicana) y formaron, en 1824, un nuevo estado federal independiente: las Provincias Unidas de Centroamérica. Pero esta federación se disgregaría en 1839 dando origen a los estados de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
En el territorio centro americano se daría una situación particular cuando, en 1638, se asentó en la desembocadura del rio Belice una colonia británica, que originaría muchas disputas entre los dos imperios (incluso enfrentamientos bélicos), pero que acabaría siendo aceptada por los españoles en 1798. Tras la independencia de la región respecto a España, esa colonia seguiría vinculada a su metrópoli (Reino Unido) y se convertiría en la Honduras británica en 1862, dependiente de Jamaica hasta 1884, año en el que obtuvo su propio estatuto. El estado guatemalteco rechazaría esa presencia y reivindicaría durante décadas ese territorio como propio, pero Belice (que adoptaría ese nombre en 1974) acabaría alcanzando su independencia en 1981 y el reconocimiento definitivo de Guatemala en 1991.

Santiago de los Caballeros de Guatemala, la Antigua Guatemala.
El conquistador Pedro de Alvarado fue avanzando por las tierras del sureste centroamericano, sacando provecho de las disputas existentes entre los diversos pueblos mayas. En su triunfal recorrido, se instaló en 1524 en Iximché, la ciudad principal del reino maya kaqchikel. Alvarado mantendría el rango de Iximché designándola como primera capital del Reino de Guatemala (con el nombre de Santiago de los Caballeros de Guatemala), pero su primacía urbana fue breve porque las desavenencias entre los españoles y los nativos forzaron su abandono (hoy Iximché es un sitio arqueológico).
Corría el año 1527 y los españoles levantaron un nuevo asentamiento (también llamado Santiago de los Caballeros) en el Valle de Almolonga para situarlo en la cúspide jerárquica de la región. Pero tampoco este lugar prosperaría al verse arrasado por las inundaciones de 1541.
Fue entonces cuando, tras seleccionar un nuevo sitio más protegido en el Valle de Panchoy, se fundó definitivamente Santiago de los Caballeros de Guatemala (más conocida actualmente como Antigua Guatemala). Esta tercera capital, que fue construida a partir de 1543, acogería las principales instituciones de la Capitanía General que se acababa de constituir y ejercería como cabecera de la Real Audiencia de Guatemala desde 1549.
Plano de Santiago de los Caballeros de Guatemala, la Antigua Guatemala.
La ciudad se trazó conforme al modelo colonial español habitual: una retícula ortogonal, orientada en este caso según los puntos cardinales, en la que destacaba la característica gran plaza central. Esta Plaza Mayor (también llamada Plaza de Armas o Plaza Real) fue el espacio más representativo de la nueva capital y acogería sus edificios principales, como la Catedral de Santiago (actualmente Parroquia de San José), que había sido iniciada en 1545, pero tuvo que ser demolida en 1669, como consecuencia de un seísmo, para ser levantada de nuevo en 1680 según el proyecto de Juan Pascual y José de Porres. También se encontraba en la plaza el Palacio de los Capitanes Generales, o Palacio Real, que también tuvo una primera construcción en 1558 y tuvo que ser reconstruido tras el terremoto de 1751 con proyecto de Luis Díez Navarro (fue concluido en 1768 y hoy alberga diversos servicios públicos). Con el edificio del Ayuntamiento sucedería lo mismo, el original tuvo que ser reedificado entre 1740 y 1743 con proyecto de Luis Díez Navarro, Juan de Dios Aristondo y Diego de Porres, continuando con su función en la actualidad.
Arquitectura de Antigua Guatemala. De arriba abajo: antigua Catedral (Parroquia de San José), iglesia de la Merced, Compañía de Jesús, y Palacio del Gobernador.
La Antigua Guatemala, atesora, además otros magníficos ejemplos del barroco colonial hispanoamericano como la Iglesia de las Capuchinas; la Iglesia y convento de La Recolección; la Iglesia de San Francisco; la Iglesia y convento de la Merced; la Iglesia, Convento y Colegio de la Compañía de Jesús; el Convento de Santo Domingo; la Iglesia Escuela de Cristo; la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen; el Hospital de San Pedro; o el Convento de la Concepción.
Antigua Guatemala. Arco de Santa Catalina.
Todos estos edificios han sufrido avatares muy diversos como consecuencia de los recurrentes terremotos, porque la ciudad se vería sacudida desde su fundación por frecuentes y violentos seísmos (destacando los ocurridos en 1565, 1575, 1577, 1585, 1651, 1679, 1689, 1717, 1751 o 1773), que causarían importantes daños. Los esfuerzos de rehabilitación se verían frustrados por nuevas destrucciones, consolidando un gran miedo a la repetición de las catástrofes que acabaría recomendando el traslado de la capital a un nuevo asentamiento (Nueva Guatemala). Con esa decisión, que se oficializó en 1776, Santiago de los Caballeros de Guatemala perdería su condición de sede oficial de la Capitanía General de Guatemala, dignidad que ostentaba desde su fundación. Pero a pesar de la pérdida de rango, la ciudad no sería abandonada, comenzando a ser conocida como Antigua Guatemala. En la medida de lo posible, fueron reconstruyéndose algunos de sus monumentos más destacados (aunque seguiría padeciendo movimientos sísmicos como los de 1874, de 1917 o el 1976, por lo que todavía perduran algunas ruinas producidas por aquellos siniestros). Hoy, Antigua Guatemala es el testimonio de un esplendoroso pasado y, por esa razón, en 1979, la UNESCO la incluyó en su lista como Patrimonio de la Humanidad.

Nueva Guatemala de la Asunción, el proyecto ilustrado.
El desastroso terremoto de Santa Marta, ocurrido en 1773, dio origen a una situación excepcional: el traslado de una ciudad de unos 35.000 habitantes y numerosas instituciones administrativas y religiosas. La nueva ubicación se encontraría en el Valle de la Ermita. Por esta razón, Guatemala disfruta de dos ciudades singulares: Santiago de los Caballeros de Guatemala, conocida como Antigua Guatemala, una ciudad barroca y Nueva Guatemala de la Asunción, la Nueva Guatemala que sería construida siguiendo el neoclasicismo vigente.
En 1776, se trazó el primer plano de esa nueva ciudad, que sería planteada siguiendo los ideales ilustrados de orden y racionalidad, característicos del siglo de las luces. Pero además del trazado, la nueva capital construiría sus principales edificios en el nuevo estilo que revisaba el clasicismo más ortodoxo. Ese primer trazado fue obra de Luis Díez Navarro.
Primer plano de Nueva Guatemala de la Asunción (Luis Díez Navarro, 1776)
El diseño propuesto por Díez Navarro para la Nueva Guatemala consistía en un cuadrado de trece manzanas de lado, que aportaba ciertas novedades frente al trazado tradicional de las ciudades coloniales españolas. Por una parte, el damero indiscriminado se transformaba en un juego más sutil, con manzanas de tamaños diversos que presentan simetría respecto a los ejes principales. Por otra parte, las calles se disponían según una jerarquización inédita y la gran plaza central se veía complementada por otras plazas secundarias que aparecían en cada cuadrante. Además, la ciudad ofrecía un borde delimitado por unos paseos de ronda arbolados que contaban con exedras, también arboladas, en los extremos de las calles que configuraban la plaza central.
Segundo plano de Nueva Guatemala de la Asunción (Marcos Ibáñez, 1778)
Pero, estas aportaciones serían aplicadas solo parcialmente porque este proyecto sufriría modificaciones de importancia. Las primeras surgirían a instancias del arquitecto de la Corte, Francesco Sabatini, quien supervisó el proyecto y envió a Marcos Ibáñez para revisar su trazado (Ibáñez sería nombrado Arquitecto Principal de Guatemala). En este segundo plano de Nueva Guatemala, presentado en 1778, se perdía la contundencia del primer trazado. Las plazas secundarías cambiarían su disposición diagonal por otra en forma de cruz, se transformarían las jerarquías viarias, variarían los tamaños de manzana, se perdería la simetría axial e incluso la rotundidad de la delimitación (y por supuesto sus paseos perimetrales).
Nueva Guatemala de la Asunción (Félix Consuegra, 1787)
Pero, tampoco esta segunda versión sería definitiva ya que sufriría transformaciones al pasar del plano a la realidad, como muestra el plano de la ciudad dibujado por Félix Consuegra en 1787. Este plano se ajusta con bastante precisión al resultado final que se construyó.
El actual Centro Histórico de Nueva Guatemala se corresponde con los límites del trazado inicial de la ciudad, identificados con la 1ª calle por el norte; la 18ª calle por el sur; la Avenida Elena por el oeste; y la 12ª avenida por el este (aunque este límite oriental es un poco menos claro porque en algunos tramos llega hasta la 13ª avenida).
En esa área se fueron construyendo los nuevos edificios para la nueva capital. Marcos Ibáñez comenzaría con el diseño de la Catedral (Catedral Primada Metropolitana de Santiago o simplemente Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala), el primer edificio que marcaría la senda neoclásica que identificaría a la Nueva Guatemala. Pero Ibáñez abandonaría por problemas de salud y la obra sería continuada por su ayudante Antonio Bernasconi. Bernasconi sería autor del Palacio Arzobispal en 1783 y del Hospital de San Juan de Dios. Otros arquitectos destacados serían Bernardo Ramírez, que realizó el convento de las Capuchinas, y finalizó el de Santa Catalina en 1809; Santiago Marqui quien proyectaría la iglesia de La Recolección (1809) o San Francisco (1800); o Pedro Garci Aguirre autor de la iglesia y convento de Santo Domingo, conocida también como Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario (1788).

Arquitectura de Nueva Guatemala. De arriba abajo: Catedral Metropolitana, iglesia de la Recolección, iglesia de Santo Domingo.
Nueva Guatemala se mantendría dentro de los límites establecidos en su planificación inicial hasta finales del siglo XIX, cuando comenzaría su expansión en todas las direcciones, especialmente hacia el sur. La evolución derivada del crecimiento acelerado de la ciudad llevaría a la colonial Nueva Guatemala de la Asunción a convertirse en un distrito más de una gran ciudad (que también había absorbido núcleos del entorno). En la actualidad, aunque mantiene su nombre oficial, es conocida como Ciudad de Guatemala, una aglomeración urbana de 2,1 millones de personas que ascienden a 4,7 millones al contabilizar el total de su extensa área metropolitana (según datos de 2015).
Ortofoto del Centro Histórico de Guatemala en 2016.

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