6 feb. 2016

Redes urbanas (medievales): La Liga Hanseática, ciudades y comercio en la Europa septentrional.

La Liga Hanseática reunió a numerosas ciudades del área germánica medieval.
La Edad Media occidental no fue un tiempo oscuro, como se ha presentado en ocasiones, sino un periodo que tuvo que afrontar grandes dificultades con medios escasos, logrando ser muy fructífero en diversos temas, como el desarrollo urbano o la expansión comercial. La creación de ciudades fue un fenómeno constante durante aquella época, principalmente desde finales del siglo XII.
En general, las ciudades se relacionan entre sí y forman agrupaciones que, en algunos casos, son un producto “inconsciente” de las propias dinámicas urbanas (creando sistemas de ciudades) pero, en otros, son el resultado de la voluntad deliberada de constituir comunidades específicas (redes urbanas “conscientes”). Dentro de este último tipo, la motivación es diversa, pero los lazos económicos son frecuentes.
Un ejemplo fue la Liga Hanseática. Esta asociación tuvo lugar entre ciudades del norte europeo medieval, y más particularmente en el ámbito germano, donde urbes y comercio fueron de la mano. La Hansa o Liga Hanseática fue una comunidad de mercaderes germánicos capaz de organizar una extensa y poderosa red de ciudades que lideró la evolución de aquella parte del continente durante varios siglos. Hamburgo, Lübeck, Colonia, Bremen, Riga o Tallin se encuentran entre las más destacadas.

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Redes urbanas (sistemas inconscientes y estructuras voluntarias).
Un conjunto de entes conforma un sistema cuando cada uno de ellos es identificable y existen relaciones entre los mismos. Esa estructura organizada (sistema o red) incluye tanto a los elementos como a las interacciones producidas entre ellos. La ciencia ha generado una Teoría General de los Sistemas que, abstrayendo la realidad, permite caracterizar el conjunto (cuantitativamente y cualitativamente), posibilitando su análisis y comprensión para extraer conocimiento sobre su funcionamiento.
Las ciudades son un ejemplo. Cada urbe cuenta con su idiosincrasia y tiene la necesidad de relacionarse con el resto (tanto con su entorno próximo como con otras ciudades lejanas). Así pues, podemos hablar de sistemas o redes urbanas que, igual que en el caso general, agrupan tanto a las ciudades como a las interrelaciones que se producen entre ellas. Estos sistemas son complejos y surgen “naturalmente” (inconscientemente) como consecuencia de las propias dinámicas urbanas. No obstante, hay que tener en cuenta que los elementos del sistema (los nodos urbanos) forman subsistemas jerárquicos en los que algunas urbes (las de mayor rango) dirigen, organizan, innovan e influyen mientras que otras (las de rango menor), son meras receptoras, existiendo diversos escalones categóricos entre ambos extremos. Tampoco las relaciones que mantienen las ciudades entre sí son equiparables, porque algunas son trascendentales para todo el sistema, mientras que otras tienen menos repercusión o no llegan a superar el ámbito interlocal. El estudio de los sistemas urbanos ha generado un campo de análisis que, abordando su examen desde diferentes escalas (metropolitana, regional, nacional, transnacional), ofrece un enorme interés y trascendencia para la comprensión de los fenómenos urbanos y para la toma de decisiones en las ciudades y sus territorios.
Pero en las agrupaciones urbanas, también deben tenerse en cuenta otro tipo de redes. En este caso, sus elementos se integran en ellas voluntariamente (conscientemente), es decir, que las ciudades tienen una decidida intención de agruparse porque comparten unos determinados objetivos y fines. En estas redes deliberadas, las ciudades forman comunidades en las que se deben reunir ciertos requisitos para ingresar y cuyos miembros participan, colaboran, intercambian o se complementan. La motivación es diversa, encontrando ejemplos culturales, tecnológicos, políticos, etc. No obstante, los lazos económicos son frecuentes (la Liga Hanseática medieval fue uno de ellos).

Ilustración sobre la Burgtor de Lübeck en 1400 (grabado de 1880).
Comercio, ciudades y territorios en el medievo noreuropeo.
En la antigüedad hubo dos “Europas”: el Imperio Romano, al sur de la línea establecida por los ríos Rin y Danubio; y, al norte de esos cauces, un heterogéneo conglomerado de tribus con ciertos lazos étnicos.
En la parte occidental del continente, el rio Rin (Rhein) fue durante siglos la frontera entre la “civilización” y la “barbarie”. El Imperio Romano había fijado su límite septentrional en ese curso fluvial y, por esa razón, su entorno quedó descolgado del desarrollo alcanzado en otras regiones interiores del imperio. Pero siglos después, con los carolingios, esa frontera fue superada, produciéndose la colonización paulatina de las tierras situadas al este del aquel rio. Este hecho comenzó esporádicamente a partir del siglo VIII y sería constante desde el siglo XI.
Los pueblos eslavos residentes en aquellas regiones (principalmente vendos y sorabos) no habían generado entidades superiores a las tribus o clanes y vieron como los nuevos ocupantes fueron organizando políticamente el territorio, sobre todo a partir de la creación de pequeñas ciudades (que inicialmente consistían en poco más que unas cuantas viviendas acompañadas de una iglesia y un mercado).
Los mercaderes fueron pioneros en esa colonización, incluso, en ocasiones, adelantándose al control militar. Poco a poco, las regiones del rio Elba, del Oder, del Báltico y las tierras eslavas costeras, vieron cómo fueron surgiendo esos asentamientos germanos y como se constituían entidades políticas feudales que los albergaban (ducados, condados, etc.). Los nuevos asentamientos se ubicaron habitualmente en cruces de caminos o en lugares con puertos fluviales o marítimos que facilitaban las comunicaciones.
Dibujo de un bajorrelieve de Adam Kraft (1497) en el que el escultor alemán refleja el pesaje de mercancías como parte de la actividad comercial medieval.
Las nuevas fundaciones urbanas que iban estableciéndose fueron recibiendo privilegios que animaron no solo a la emigración germana, sino que también atrajeron sajones, flamencos, renanos, etc., gentes diversas que buscaban en la llanura noreuropea la tierra que escaseaba en sus lugares de origen. Las prerrogativas recibidas ayudarían a consolidar aquellos pequeños centros urbanos hasta convertirlos en auténticas ciudades. Las ciudades principales, como es el caso de Colonia o Lübeck, dispondrían de fueros y elaborarían un conjunto de derechos y deberes propios, que serían imitados por los nuevos asentamientos (aunque solía ser habitual incorporar algunas de las costumbres de cada región). Es particularmente relevante la Ley de Lübeck, que se compiló en 1294 y sirvió de modelo para otras muchas ciudades, facilitando, además, las relaciones entre las mismas.
Entre los privilegios obtenidos destacaba un alto grado de autodeterminación, de manera que el gobierno era ejercido por un Consejo ciudadano (aunque no todas las ciudades disfrutaron del mismo grado de autonomía). Gracias a esas disposiciones jurisdiccionales, las ciudades medievales se convirtieron en espacios de libertad, donde los ciudadanos podían desarrollarse, en la medida en que eso era posible en la Edad Media. Artesanos, comerciantes, agricultores, acudían a vivir a las ciudades, en las que podían encontrar oportunidades para prosperar (o al menos para vivir dignamente de su trabajo, sin tener que someterse a los designios arbitrarios de un señor feudal).
La conocida expresión alemana “stadtluft macht frei” (el aire de la ciudad te hace libre) es una versión reducida de la regla que afirmaba “stadtluft macht frei nach Jahr und Tag” (el aire de la ciudad te hará libre tras un año y un día), lo que implicaba que cualquier persona que pudiera demostrar su residencia en la ciudad durante ese plazo, sin haber sido requerido por nadie (por ejemplo, por algún señor feudal que lo reclamase como esclavo huido de su propiedad) se convertía automáticamente en un ciudadano libre. Esa norma se convertiría, con su adaptación simplificada, en una expresión que reflejaba el ambiente general que se percibía en las ciudades.
Grabado de una ciudad alemana (hacia 1490).
La expansión urbana noreuropea se fue acelerando con la confirmación del atractivo comercial de esas regiones septentrionales, que disponían de ingentes recursos naturales. Ese interés económico, se disfrazó también de esfuerzo civilizador y evangelizador. Un ejemplo de ello fue cuando, en 1193, el Papa Celestino III impulso las “cruzadas bálticas”, para cristianizar aquellos pueblos paganos. Con esa misión acudieron las órdenes militares teutónica y livonia, que irían controlando los territorios con la cruz y la espada. De hecho, la Orden Teutónica se haría finalmente con el control de una amplia región de la costa báltica oriental y constituiría un estado propio: el Estado Teutónico, coincidente, en parte, con las actuales Estonia, Letonia, Lituania y la parte nororiental de Polonia (no obstante, su afán expansionista fue frenado por Alexander Nevski y los eslavos en tierras rusas, concretamente en Novgorod, ciudad que resultaría muy importante para La Hansa).
La organización territorial, el derecho mercantil y la relativa seguridad alcanzada en esas regiones noroccidentales permitieron el florecimiento de una intensísima actividad, muy lucrativa, tanto dentro de esa zona como con el resto del continente. Todo ello bajo el control absoluto de la Liga Hanseática.

La Europa medieval estaba surcada por numerosas rutas comerciales. La Hansa dominó el norte continental.
La Liga Hanseática.
La Europa medieval estaba surcada por rutas comerciales que convirtieron a determinadas ciudades y territorios en focos ineludibles. Aunque hubo importantes itinerarios terrestres, con ciudades nodales donde confluían muchos de ellos, serían los recorridos marítimos (y fluviales) los que protagonizaron las actividades mercantiles entre los pueblos. Génova y Venecia dominarían el Mediterráneo oriental, estableciendo relaciones con el Imperio Bizantino, Egipto o las regiones del Levante (que comunicaban con Asia). Las rutas del Mediterráneo occidental partían de ciudades como Marsella, Génova, Pisa, Roma o Nápoles, conectaban con el norte de África, principalmente con Trípoli, Túnez, hacían escalas en Córcega, Cerdeña o las islas Baleares, y recalaban en los puertos de Barcelona, Valencia o Málaga. Desde estos últimos, se iniciaban los viajes hacia las ciudades del norte, surcando lateralmente el Atlántico. Las naves iban alcanzando Cádiz, Lisboa y, desde allí, se dirigían hacia Burdeos, Londres, Brujas, Amberes, Hamburgo o Lübeck. Precisamente, estas dos últimas ciudades protagonizarían la confederación de La Hansa, que dominó el comercio en la zona del Mar del Norte y el Mar Báltico.
Arriba a la izquierda, Mar del Norte; a la derecha, Mar Báltico. Debajo, a la izquierda, el estrecho de Skagerrak y a la derecha, el de Kattegat, que unen los dos mares.
El término “hansa” era habitual en la Edad Media y significaba “asociación” o “gremio”, aplicándose al mundo comercial para referirse a un grupo de mercaderes. Hubo muchas hansas, pero la más importante en aquella época fue la constituida por las ciudades alemanas, que integraba numerosas ciudades del norte y del centro del ámbito germánico (la Liga Hanseática).
Aunque los vikingos ya habían ido consolidando posiciones comerciales permanentes a lo largo de las costas del Mar Báltico, no sería hasta la constitución de la Liga, cuando la actividad mercantil de la Europa septentrional adquiriría verdadera trascendencia, traspasando incluso los límites de aquellas regiones. La creación de la Liga Hanseática se fundamentaría en la asociación entre dos ciudades, Hamburgo y Lübeck, que contaban con una localización privilegiada que les proporcionaba ventajas competitivas. Eran dos ciudades vecinas (se encuentran separadas por poco más de setenta kilómetros) que estaban orientadas, cada una de ellas, hacia un área comercial diferente (Mar del Norte y Mar Báltico, respectivamente). Su capacidad de relación a través del istmo de la Península de Jutlandia, que se iría intensificando con la construcción de canales, llevó a que la asociación entre ambas (firmada en 1241) originara la mayor organización económica del norte de la Europa medieval.
La asociación entre Lübeck y Hamburgo puso en marcha la Liga Hanseática.
Poco a poco se fueron integrando nuevas ciudades (la Liga llegó a contar con casi doscientos miembros). Lübeck ejercería el papel de “capital” oficiosa. Esta ciudad había sido fundada en 1143 y en 1226 le fue otorgado el privilegio de Ciudad Imperial Libre (que también recibirían otras ciudades hanseáticas). Esto significaba que la ciudad estaba gobernada directamente por el emperador (sin injerencias de los príncipes y nobles de la región). Esto era una cuestión meramente formal, porque la realidad implicaba la total autonomía municipal (de hecho, el gobierno era ejercido por un Consejo formado por los propios comerciantes).
Aquella gran red urbana compartía un derecho mercantil y unas reglas comerciales específicas, pero también tuvo implicaciones culturales y técnicas (por ejemplo, elaboraba cartas náuticas para sus miembros) o militares (la asociación se comprometía a acudir en ayuda de sus miembros ante eventuales ataques de los piratas e incluso se llegaron a enfrentar al Reino de Dinamarca que pretendía perjudicarles).
Así pues, la Liga Hanseática fue una comunidad de mercaderes germánicos y las ciudades asociadas, debían pertenecer al ámbito alemán. No obstante, los criterios de selección fueron bastante amplios y los miembros se encontraban tanto en el norte de la región teutona, como en las costas bálticas, suecas o también en el entorno holandés.
Por otra parte, la actividad de las ciudades hanseáticas les llevó a establecer intensas relaciones con otras ciudades que no podían incorporarse a la Liga por no cumplir los requisitos exigidos para su ingreso, pero que resultaban fundamentales para sus negocios. En ellas, la Hansa estableció “delegaciones comerciales” que se denominaron kontor. En los kontor se alojaban los comerciantes asociados y se encontraban los almacenes donde depositaban sus mercancías. Igualmente, contaban con un mercado propio para realizar las transacciones. Estas “embajadas” gozaban de un régimen administrativo y político propio (las leyes hanseáticas) y, en consecuencia, eran independientes de las autoridades municipales de la ciudad que los alojaba (de hecho, la mayoría de los kontor eran lugares que se encontraban vallados).
El comercio de la Europa septentrional estuvo determinado por las ciudades hanseáticas y los kontor (los principales fueron Londres, Brujas, Bergen y Novgorod).
Ciudades hanseáticas y “kontor”.
Ciudades hanseáticas.
Entre las ciudades hanseáticas, hubo varias que destacaron sobre las demás. En primer lugar, Hamburgo y Lübeck, cuya referida asociación en 1241 daría origen a la Liga. Estas dos ciudades ya fueron analizadas en un artículo anterior de este blog, por lo que vamos a reseñar algunas otras.

Visby (Suecia) según el plano incluido en el Civitates Orbis Terrarum, editado por Braun y Hogenberg en 1598.
Visby, actualmente perteneciente a Suecia, fue uno de los principales nodos económicos de aquella época y su peso era ya importante antes de la constitución de La Hansa. Su ubicación, en la isla de Gotland, le proporcionaba una posición “baricéntrica” respecto a las costas bálticas, lo que favoreció su hegemonía comercial. En 1995, la ciudad hanseática de Visby fue declarada Patrimonio de la Humanidad. La descripción de la UNESCO apunta que “esta ciudad se edificó en el emplazamiento de un antiguo poblamiento vikingo y llegó a ser, entre los siglos XII y XIV, el centro principal de la Liga Hanseática en el Mar Báltico. Sus murallas del siglo XIII y las más de 200 bodegas y mansiones de mercaderes de esa misma época hacen de Visby la mejor conservada de las ciudades comerciales fortificadas del norte de Europa”.
Colonia, Köln, (Alemania) según el grabado de Matthäus Merian realizado en 1646.
Otra de las ciudades hanseáticas prominentes fue Colonia (Köln), una ciudad que contaba con una larga historia porque fue una importante colonia fronteriza del Imperio Romano. Su nombre, Colonia Claudia Ara Agrippinensium (Colonia Agrippina), acabaría derivando en Colonia. Su ubicación a orillas del rio Rin y en la intersección de algunas de las principales rutas comerciales europeas, le proporcionó una gran prosperidad y presencia en la Liga.
Bremen (Alemania) en 1641 (Matthäus Merian).
También Bremen perteneció a La Hansa, asociándose en 1260, aunque tuvo una relación turbulenta con la Liga (con varias expulsiones y adhesiones). Bremen está situada a orillas del rio Wesser, que desemboca en el Mar del Norte. Su implantación siguió los mismos criterios que Hamburgo o Lübeck, es decir, una posición relativamente alejada de las costas, pero junto a un rio navegable, hecho que la resguardaba de ataques. Hoy, Bremen conserva su condición de ciudad-estado dentro de la República Federal de Alemania.
El Ducado de Brunswick-Luneburgo, fue uno de los electores del Sacro Imperio Románico Germánico y sus dos ciudades más importantes fueron miembros destacados de la Liga. Brunswick (actualmente conocida como Braunschweig) se encuentra ubicada en el límite navegable del río Oker que, a través del rio Aller y del Wesser, desagua en el mar del Norte. Por su parte, Luneburgo (Lüneburg) situada junto al río Ilmenau también conecta con el Mar del Norte, ya que ese río desemboca en el Elba aguas arriba de Hamburgo. Esta ciudad destacó por el comercio de la sal, que era una de las riquezas de la época y se producía en su entorno. Las dos ciudades cederían con el tiempo ante el empuje de Hannover que acabaría encabezando un reino y finalmente el actual Estado de Baja Sajonia.
Rostock (Alemania) se ubicó en el estuario del rio Warnow, que reunía inmejorables condiciones como un puerto natural (plano de 1788).
En el noreste alemán, el estuario del rio Warnow (denominado Unterwarnow) forma un cauce de gran amplitud, casi equiparable a una laguna (Breitling) porque la conexión final con el Mar Báltico se producía a través de un pequeño canal natural. Estas condiciones convertían el lugar en un puerto perfecto y allí se fundó Rostock, otra de las ciudades que alcanzaría notoriedad dentro de la Liga Hanseática.
Siguiendo la costa se encontraba Danzig (o Gdanks, su nombre oficial actual), ciudad ubicada en el sur de la bahía del mismo nombre que se abre al Mar Báltico (dentro de la actual Polonia), que se integraría en la Liga Hanseática en 1310, llegando a adquirir relevancia en la asociación.
La antigua Danzig (actualmente, Gdanks, en Polonia) según versión de K. Gruber.
Entre las ciudades más septentrionales de La Hansa, se encuentran Riga (hoy capital de Letonia) y Tallin (la actual capital de Estonia, que en la Edad Media era conocida como Reval). Los cascos antiguos de las dos ciudades fueron inscritos como Patrimonio de la Humanidad en 1997. 
Riga fue antiguamente un puesto de comercio vikingo, aunque su fundación oficial no llegó hasta 1201. Su posición en el Mar Báltico (está situada en la orilla meridional del Golfo de Riga), le proporcionó gran influencia dentro de la Liga. La UNESCO aporta la descripción: “Centro importante de la Liga Hanseática, la ciudad de Riga prosperó entre los siglos XIII y XV gracias al comercio con Europa Central y Oriental. El tejido urbano de su centro medieval muestra todavía esa prosperidad, aunque la mayoría de sus edificios más antiguos fueron destruidos por incendios y guerras. Riga volvió a ser un importante centro económico en el siglo XIX, época en la que se hizo el trazado de los suburbios situados en torno la ciudad medieval. Al principio se impuso la construcción en madera y estilo neoclásico para los nuevos edificios, pero luego fue predominando el “Jugendstil” o “Art Nouveau”. Según una opinión muy extendida, Riga posee hoy en día el más hermoso conjunto de edificios de “Art Nouveau” de toda Europa”. Por su parte, Tallin se encuentra en la orilla sur del Golfo de Finlandia, ocupando una posición clave en el comercio entre Escandinavia y Rusia. De Tallin, la UNESCO comenta que “Los orígenes de Tallin se remontan al siglo XIII, con la edificación de un castillo por los caballeros cruzados de la Orden Teutónica. Luego, la ciudad se fue desarrollando hasta convertirse en uno de los principales centros de la Liga Hanseática. Su prosperidad de esa época se patentizó en la opulencia de sus edificios públicos –en particular las iglesias– y la arquitectura de las mansiones de los mercaderes, muy bien conservadas a pesar de los estragos causados por los incendios y las guerras a lo largo de los siglos”.

Kontor
Para la Liga, fueron especialmente relevantes cuatro kontor: el de Novgorod, el de Londres, el de Brujas y el de Bergen.
Novgorod (Rusia), antiguo kontor de La Hansa (plano de 1701).
Novgorod es la ciudad más antigua de la actual Rusia, que ya aparece mencionada a mediados del siglo IX como una importante estación en la ruta comercial medieval que unía Escandinavia (donde residían los vikingos Varegos), con el Rus de Kiev (pueblos eslavos) y el Imperio bizantino. Años después, en la primera mitad del siglo XIII, se establecería en la ciudad uno de los principales kontor de la Liga (bautizado como Peterhof), que sería un espacio perfectamente delimitado por un vallado y considerado territorio hanseático (quedando regulado por sus leyes). Desde entonces, Novgorod se convirtió en el nodo principal de intercambio entre las costas noroccidentales y el oriente interior, sirviendo, además, de puerta para el Mar Negro y Constantinopla (Estambul).
Otro kontor fundamental fue el establecido en Londres. En esta ciudad también se marcó un lugar como propiedad de la Liga. Fue el conocido como Steelyard y se encontraba en el extenso solar que ocupa actualmente la estación ferroviaria de Cannon Street, en la City, junto al río Támesis.
Brujas, entonces la principal ciudad de Flandes, se convertiría en otro pilar fundamental del comercio hanseático. En aquella ciudad no se llegó a delimitar un kontor ya que el número de comerciantes residentes fue muy elevado (más de un millar) y les fue permitido distribuirse por la ciudad, tanto con sus viviendas como con sus almacenes, siéndoles respetados sus derechos hanseáticos. Además, el municipio les cedía lugares para celebrar sus reuniones y tratos.
El cuarto de los kontor principales estuvo en la ciudad noruega de Bergen y se llamaba Tyskebryggen, que quiere decir “muelle alemán”. Fue establecido en 1360, y esa oficina comercial de La Hansa acabó constituyendo un verdadero barrio, en el que vivían los mercaderes asociados a la Liga y que se mantuvo como tal hasta 1754. Es el único que se ha conservado. Su denominación actual es simplemente Bryggen y es un lugar muy peculiar de la ciudad, caracterizado por sus casas de madera que, en 1979, se convirtió en Patrimonio de la Humanidad.
En Bergen (Noruega), el barrio donde se ubicó el kontor de la Hansa (Bryggen) se conserva y es Patrimonio de la Humanidad.

El poder de la Liga iría decayendo a finales de la Edad Media, cuando el mundo cambió radicalmente. A partir del siglo XV, Europa descubriría otros territorios desconocidos hasta entonces. Las exploraciones españolas y portuguesas abrieron el camino al continente americano, (y también al africano en menor medida) proporcionando un nuevo horizonte al comercio mundial. Los “viejos” ámbitos europeos (el Mediterráneo y los mares del norte) cederían el paso a esos mercados en los que nuevas materias primas y centros de consumo proporcionarían una extraordinaria riqueza a sus descubridores. En consecuencia, en el norte europeo, la emergencia de países “colonizadores” como Inglaterra, los Países Bajos y, en menor medida Francia, comenzarían a ejercer una fortísima competencia a los miembros de La Hansa. La Liga inició un declive irrefrenable y muchos de sus miembros la fueron abandonando en busca de otros acuerdos y perspectivas. A lo largo del siglo XVII, muchas ciudades se fueron desvinculando de la comunidad hanseática. La última reunión de la Liga se produjo en Lübeck en 1669. Solamente estuvieron representadas, además de la anfitriona, Bremen, Brunswick, Colonia, Danzig, Hamburgo, Hildesheim, Osnabruck y Rostock. Los historiadores suelen fijar esa fecha como final de La Hansa. No obstante, desde ese momento y prácticamente hasta el siglo XIX, algunas de las ciudades siguieron manteniendo sus relaciones, sus protocolos mercantiles o sus factorías comerciales, pero su incidencia fue cada vez menor, superada por otras fórmulas transaccionales y por aquellos mercados emergentes mencionados, que acabaron por hacer desaparecer la organización.

Un museo en Lübeck recuerda aquella Hansa histórica, pero a finales del siglo XX, la Liga Hanseática “resucitó”. En 1980, delegados de varias de las antiguas ciudades hanseáticas se reunieron en la también hanseática ciudad holandesa de Zwolle y restablecieron la asociación. No obstante, los objetivos de la nueva alianza son distintos. Hoy se trata de compartir cultura y conocimiento, aunque no se desprecien los acercamientos económicos y comerciales entre los miembros (porque es algo que está grabado en los genes hanseáticos). También tiene un componente social ya que se busca involucrar a las nuevas generaciones con sus tradiciones y fomentar la interacción entre los pueblos. La nueva Liga, que reúne actualmente a 185 ciudades de 16 países, celebra reuniones anuales. La próxima será en junio de 2016 en Bergen (Noruega), bajo el lema “el pasado es el futuro”.

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