27 jul. 2013

El Chicago de Jules Guerin (y Daniel Burnham) (Formas de mirar la ciudad)

La lámina CXXXVII del Plan de Chicago de 1909, obra de Jules Guerin.
Las ciudades evolucionan y se nos presentan de forma muy distinta a como fueron en una época determinada. Por eso, desde nuestro presente, la diferencia entre las imágenes de antiguas ciudades reales y las de pasados proyectos urbanos que nunca se realizaron, es mínima. En ambos casos se nos muestran espacios que no existen (unos por haber sido transformados y otros porque nunca llegaron a consolidarse) pero que “viven” en nuestra imaginación o en los testimonios gráficos que hemos recibido.
En 1909 se soñó un Chicago distinto, pero fueron muy pocas las operaciones que se llevaron a cabo finalmente. En ese año se redactó un Plan para la ciudad bajo la dirección de Daniel H. Burnham. La comunicación del Plan contó con un ilustrador excepcional que representó extraordinariamente aquel Chicago imaginado. El artista norteamericano Jules Guerin fue un maestro en el dibujo arquitectónico y urbano, y su magnífico trabajo para el Plan de Chicago de 1909 tuvo una gran repercusión. La popularidad alcanzada por algunas de estas imágenes, hicieron sentir a ese Chicago como si hubiera sido real, influyendo notablemente en el desarrollo posterior de la representación urbana.

26 jul. 2013

El Valor del Vacio (en Madrid Central)

El Valor del Vacío es una investigación realizada por Urban Networks junto con la Universidad San Pablo CEU sobre los vacíos de oportunidad del Madrid Central.
Se adjunta un enlace al dossier con las primeras conclusiones.

20 jul. 2013

¿A qué sonaba el Madrid del siglo XVIII? Luigi Boccherini y su “Música notturna delle strade di Madrid”.

La Puerta del Sol de Madrid, pintada en 1773 por Luis Paret y Alcázar
No sabemos a qué sonaban las calles del Madrid del siglo XVIII. La tecnología audiovisual que apareció a finales del XIX y que nos permite rememorar el pasado no estaba todavía disponible. Para acercarnos a los sonidos de paisajes antiguos solo nos queda la interpretación indirecta a través de la música programática.
Luigi Boccherini, el gran violonchelista toscano que acabó afincado en la corte madrileña, compuso, hacia 1780, una obra que pretendía rememorar los sonidos que podían escucharse en las calles de la ciudad al entrar la noche. Aunque para él esa fuera una obra menor, la “Música notturna delle strade di Madrid” hizo fortuna. Ha tenido numerosos arreglos para muy diversos conjuntos instrumentales. Incluso una de sus partes, el “Pasacalle” alcanzó un reconocimiento internacional inusitado cuando fue “interpretado” por los protagonistas de la película “Master and Comander” de 2003.
Boccherini, compuso un divertimento breve (su duración habitual ronda los 12-13 minutos para todo el conjunto), pero nos legó un acercamiento a la que por aquel entonces era una de las ciudades “más ruidosas” (y vitales) de toda Europa, en el que el poder evocador de la música transporta nuestra imaginación hacia lo que pudo haber sido aquel Madrid dieciochesco de Carlos III.

13 jul. 2013

El París de “Nestor Burma” (y de Léo Malet y Jacques Tardi) (Formas de mirar la ciudad)

El detective parisino Nestor Burma y su inseparable pipa.
En el París de la posguerra y de los años cincuenta, se escuchaba Jazz, a Brassens y a Jacques Brel, allí polemizaban Jean-Paul Sartre y Albert Camus, Cortázar escribía Rayuela, se gestaba la Nouvelle Vague, se admiraba a Brigitte Bardot y emergían los grandes modistos que marcarían estilo. En esos años, París fue forjando esa aureola de glamour que ya no le abandonaría.
Pero había otro París, menos glamuroso, menos iluminado, más humilde. En ese París se desenvolvería, Nestor Burma, el mítico detective de ficción creado por Léo Malet, uno de los padres de la novela negra francesa, y que adquiriría una imagen de la mano del gran dibujante de cómic Jacques Tardi.
Jacques Tardi ilustró las andanzas del detective, dibujando, con una precisión casi arqueológica, aquel París que hundía sus raíces en la posguerra y fraguaba las bases de la década prodigiosa de los años sesenta.

6 jul. 2013

Cuando el lado oscuro de Nueva York era verde y apacible: El Bronx antes de la anexión.

Detalle de la vista de pájaro de Nueva York publicada en 1907 por August R. Ohman. Arriba el Bronx, a la izquierda Manhattan y debajo, Queens.
Confundir una parte con el todo es un error. Cuando durante la segunda mitad del siglo XX, la parte suroeste del Bronx se convirtió en la antesala del Infierno, perjudicó la imagen de un extenso distrito que, en muchas zonas, seguía siendo un territorio apacible y atractivo.
El South Bronx era el lado oscuro de Nueva York, con unos índices de criminalidad tan elevados que llegó a considerarse uno de los puntos más peligrosos del planeta. En la actualidad, la situación ha cambiado y la ciudad está recuperando un espacio que cuenta con indudables valores.
Hasta las décadas finales del siglo XIX, la región era un extenso territorio, mayoritariamente agrícola y boscoso, verde y tranquilo, con zonas, como Riverdale o City Island, que eran (y son) destino de las clases altas neoyorquinas. Durante varios siglos formó parte en el Condado de Westchester hasta que, con la integración en Nueva York, el Bronx iniciaría un nuevo rumbo muy diferente.
El Bronx es el único borough continental de Nueva York, ya que los otros cuatros se asientan sobre islas: Manhattan, Long Island (Brooklyn y Queens) y Staten Island.