23 nov. 2012

Rompiendo moldes: Barcelona y Madrid se “ensanchan”: el Eixample de Cerdà y el Plan Castro (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 6)

A la izquierda, el Eixample de Barcelona. A la derecha, el Ensanche de Madrid. Ambos aparecen con la misma escala y la misma orientación, con el norte hacia arriba.

Madrid y Barcelona se enfrentaron a mediados del siglo XIX al mismo problema: la incapacidad de dar respuesta a los requerimientos de la emergente sociedad industrial.
Las dos ciudades se encontraban constreñidas dentro de unas murallas levantadas siglos atrás y se encontraban congestionadas, con una densidad extraordinaria, con problemas de salubridad y con pocas opciones de futuro. Aunque hubo reformas interiores que intentaron paliar la situación, finalmente no quedó otra opción que proponer el derribo de las murallas y ampliar las ciudades de una forma considerable.
Barcelona tuvo a Ildefonso Cerdá como artífice de su Eixample. Cerdá fue un personaje de gran relevancia para la historia internacional del urbanismo. En Madrid, fue Carlos María de Castro quien realizó el proyecto de Ensanche.
Siendo el Ensanche de Madrid y el Eixample de Barcelona contemporáneos, y aparentando planteamientos similares, son en su esencia muy diferentes. Quizá la mayor de sus divergencias sea la intención conceptual de ambos, pues mientras que Carlos María de Castro cumplió ampliando la ciudad existente, que siguió siendo el centro neurálgico de Madrid; Ildefonso Cerdà, fue más allá, pretendiendo levantar una Ciudad Ideal, totalmente desmarcada de la Barcelona antigua.

17 nov. 2012

1929, Barcelona empresarial, Madrid institucional. (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 5)


Arriba, la gran columnata circular de inspiración barroca (berniniana) que recibía a los visitantes a la Expo de 1929 en Barcelona. Abajo, Facultad de Medicina, una de las primeras edificaciones de la Ciudad Universitaria de Madrid.
1929 es un año muy significado en la historia mundial y también lo es en las historias particulares de Madrid y Barcelona. En ese año, mientras comenzaba la efervescencia vanguardista del siglo XX, las dos ciudades se encontraban volcadas en sendas operaciones urbanas de gran calado.
Barcelona, con su reconocida capacidad para aprovechar grandes eventos como catalizadores de su transformación, presentaba la Exposición Internacional de 1929. Con esta convocatoria, la ciudad acometió definitivamente la urbanización de Montjüic. Y lo hacía invitando al ámbito empresarial para que mostrara sus logros a todo el mundo, en un nuevo espacio orientado hacia el comercio (parte del cual es actualmente una de las sedes de la Feria de Barcelona).
También en 1929, Madrid inicia una de sus operaciones más emblemáticas, la construcción de la Ciudad Universitaria. En este caso, la iniciativa fue institucional, con el objetivo de crear un espacio vinculado a la educación y la cultura.
Estas dos operaciones muestran sintonías y disonancias en sus planteamientos, aunque uno de los aspectos notables que tienen en común es que, ambas, supusieron una transformación de sectores urbanos importantes, tanto para Barcelona como para Madrid (Montjuïc y Moncloa), ya que se localizaban en los accesos a las dos ciudades.

10 nov. 2012

Barcelona y Madrid, arenisca frente a granito. Los materiales de las ciudades (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 4)

A la izquierda, las tonalidades cálidas de la piedra arenisca de Montjuïc en la Iglesia de Santa María del Pi; a la derecha el granito madrileño, en la Basílica de San Francisco El Grande.

Muchas ciudades antiguas expresan, a través de los materiales, una identidad que las define e identifica. A través de colores, texturas, formas o estilos, estas ciudades atesoran en sus centros históricos una personalidad que habitualmente se ha perdido en los crecimientos modernos. Salamanca, la ciudad dorada o Toulouse, la ciudad roja, dan testimonio de ello; como Djenné, la ciudad de barro, o Roma, la ciudad de mármol.
También Barcelona y Madrid cuentan con una idiosincrasia material peculiar.
La Barcelona antigua construyó sus edificios principales con la piedra arenisca de Montjuïc, cuyo tono pardo-beige invade el centro de la ciudad. Barcelona encontró en la arenisca, por su facilidad para ser labrada, el medio de expresión detallista que el Gótico requería o que permitió dar forma a los alambicados sueños del Modernismo.
Madrid hizo lo propio con el granito de la Sierra de Guadarrama, presentando ese gris blanquecino como una seña de identidad. El granito es una roca muy resistente pero con mayor dificultad de labra, por eso, suele trabajarse en planos y volúmenes menos matizados. Ciertamente, el Barroco madrileño, también encontró en el granito, el soporte coherente para expresar las ideas de ese estilo.
La Barcelona gótica y el Madrid barroco serán otra historia analizada en un próximo artículo. Hoy profundizaremos en las bases materiales que caracterizan los centros históricos de ambas ciudades expresadas en sus edificios principales.

3 nov. 2012

Madrid y Barcelona: La persistencia del siglo XIX en el XX (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 3)


Barcelona y Madrid en paralelo: a la izquierda la Via Laietana, y a la derecha la Gran Vía de Madrid

Durante el siglo XIX, tanto Madrid como Barcelona adquirieron su “status” de grandes ciudades. La incipiente industrialización conllevó unas primeras oleadas de población inmigrante y las ciudades necesitaron adaptarse a ese nuevo contexto. Derribaron murallas, abrieron nuevas calles en la ciudad existente y realizaron Ensanches que ampliaban considerablemente su extensión. Estos mecanismos de intervención urbana, que definieron el siglo XIX, seguirán siendo las soluciones utilizadas en los primeros años del siglo XX. Por eso, puede decirse que los primeros años del siglo XX pertenecen al siglo XIX y que las estrategias urbanas de ambas ciudades discurren paralelas.
Así, de forma similar a lo realizado en el siglo XIX, se transformaron los cascos antiguos con la apertura de nuevas vías debidas al empuje de una burguesía que quería recuperar el centro histórico de las ciudades. En Madrid se puso en marcha la construcción de su emblemática Gran Vía (iniciada en 1910), mientras que en Barcelona se trazaba la Vía Laietana (comenzada en 1908).
Por otra parte, la población crecía imparablemente, desbordando los planteamientos de los ensanches diseñados medio siglo atrás. Por ello, y con un espíritu análogo al del siglo XIX, se propusieron nuevos crecimientos regulados. Madrid propone un nuevo ensanche, el Plan Nuñez Granés (1910) mientras que Barcelona plantea el Plan Jaussely (1905). Aunque, en ambos casos, la realidad impedirá su ejecución.